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28 | Noviembre 2023 COLUMNISTA Coopidrogas Flavia Dos Santos Psicóloga y sexóloga El tiempo del deseo En el mundo acelerado en el que vivimos es cada vez más común escuchar a las personas lamentarse por la falta de tiempo. No hay tiempo suficiente para los amigos, para terminar una tarea, hacer ejercicio o descansar y, peor aún, no hay el tiempo necesario para el placer. Lo curioso es que las 24 horas que siempre han definido los días y las noches de la humanidad siguen siendo iguales y, aun así, todos, en todas las partes del mundo, sienten que la vida está pasando muy rápido. Definitivamente no fue el reloj el que cambió su forma de funcionar, pero sí nosotros, ya que el tiempo pasó a ser vivido como un artículo de lujo, inaccesible para tantos, en un mundo con excesos de demandas, de consumo y, en especial, de cobranzas… o ¿quién nunca se ha sentido presionado por las famosas frases de grandes marcas deportivas —cuya publicidad está distribuida en todo el planeta—: “No pares” o “sobrepasa tus límites”, o la no menos estresante: “debes desafiarte”? Es agotador y, sobre todo, angustiante no permitirse ser comandado por todas esas presiones contra el tiempo, ya que por momentos, cuando se intenta frenar a sí mismo en esa cobranza, los sentimientos de culpa y de fracaso son inevitables. Algo anda muy mal en nuestra sociedad, pues nos hace vivir de una manera que va en contra de la vida; no nos permite sentir y experimentar cada momento y cada sensación para grabarlo en la memoria, en la historia personal de cada uno. Para eso se requiere tiempo y percepción de las sensaciones, de las emociones que cada quien experimenta a cada instante. Sin embargo, no se debe confundir con la paralización del momento para no actuar; se trata de un permitirse estar presente verdaderamente en la propia vida. Las emociones, las vivencias y el placer, en particular, necesitan tiempo para ser experimentados. Hablar de bienestar y de conexión es hablar de calma y tranquilidad para la experiencia. Una vida que realmente sea bien vivida no significa una ganancia económica, de éxitos laborales o de metas cumplidas. Una vida bien vivida es una en la que cada experiencia cuenta una historia y genera un recuerdo, además de que provoca sensaciones cada vez que es evocada. Mirar hacia atrás y contar la propia historia de vida es tener la capacidad de emocionarse, de reírse, de sentir otra vez y así entender cómo cada una de las pequeñas o de las grandes experiencias de vida tuvieron sentido y sus espacios en la memoria, llevando al famoso placer que, aunque se asocie siempre con lo sexual o lo genital, en realidad se trata de esa sensación de plenitud y bienestar que caracteriza a la “buena vida”. Finalmente, vivir la vida, priorizarse, estar presente de verdad en cada experiencia y en cada momento solo depende de cómo me relaciono con el tiempo. Por eso, vale la pena preguntarse: ¿Será el tiempo mi cárcel eterna de vida o será mi aliado y cómplice para disfrutar de todo lo que percibo de placentero en el mundo? “Algo anda muy mal en nuestra sociedad, pues nos hace vivir de una manera que va en contra de la vida; no nos permite sentir y experimentar cada momento...”.

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