66 | Mayo 2025 PERSONAJE en el diario El Espectador, en el que escribió su primer artículo a los 16 años. Posteriormente, se vinculó a El Tiempo, periódico en el que escribió bajo el seudónimo “Swann”, y abordó temas de actualidad y política con un estilo crítico. “Consolidado como un influyente periodista, cubrió algunos de los eventos políticos más importantes de la Colombia de su época. Desde las páginas de los principales periódicos del país, denunció la corrupción, criticó las desigualdades sociales y ofreció una perspectiva equilibrada de los acontecimientos que marcaron el rumbo de la nación. Su labor periodística no solo le valió reconocimiento, sino también la enemistad de ciertos sectores del poder, quienes veían en él una voz incómoda y peligrosa”, destaca Carlos Patiño, historiador y especialista en literatura. Paralelamente a su trabajo en la prensa, su carrera lo llevó a la diplomacia. Fue agregado cultural de la Embajada de Colombia en España entre 1946 y 1948, un periodo en el que vivió de cerca la posguerra europea y sus efectos en la sociedad española. Más tarde, entre 1962 y 1968, representó a Colombia ante la Unesco en París. Su paso por estas instituciones le permitió entrar en contacto con intelectuales de renombre y ampliar su visión sobre la cultura, la política y la literatura mundial. LITERATURA: ESPEJO DE LA REALIDAD COLOMBIANA A mediados del siglo XX afianzó su faceta como novelista. Su obra refleja la vida de los campesinos, la injusticia social y la identidad colombiana. En Siervo sin tierra (1954), su novela más famosa, retrata la opresión de los campesinos y el sistema latifundista que los condena a la miseria. Este libro se considera un hito en la literatura colombiana por su realismo y su capacidad para exponer las condiciones de los trabajadores rurales. Con su protagonista, Siervo Joya, el autor expone la crudeza de la vida en el campo y la lucha de los campesinos por la dignidad y la tierra. En El Cristo de espaldas (1952), uno de sus textos más profundos, analiza el choque entre la religiosidad impuesta y las verdaderas creencias de los campesinos. Posteriormente, en El buen salvaje (1966), novela con la que ganó el Premio Nadal en 1965 (aún inédita), plantea una crítica mordaz a la civilización occidental desde la perspectiva de un hombre simple que se enfrenta a la hipocresía de las clases altas. El escrito combina la ironía y denuncia social, y explora cómo los ideales de progreso y modernidad pueden convertirse en instrumentos de exclusión y opresión. El protagonista, un campesino que viaja a Europa, se convierte en testigo y víctima de un sistema que desprecia su origen y cultura. En Caín (1969) trata la violencia fratricida y el eterno conflicto entre hermanos por el poder y la tierra. Un aspecto fundamental de su obra literaria y política es su vínculo con Tipacoque, un pequeño municipio boyacense que ayudó a fundar y del cual fue el primer alcalde. Este sitio aparece en su vida pública y también es un escenario recurrente en su literatura. Desde allí proyectó una visión del país profundo, marcada por la cercanía con la tierra, el campesinado y las estructuras de poder locales. En su novela Tipacoque: estampas de provincia (1960) retrató con agudeza la vida en este lugar, convirtiéndolo en un símbolo de la Colombia olvidada por el Estado. Su PASIÓN por las letras comenzó cuando fundó la revista escolar El AGUILUCHO, en el Gimnasio MODERNO. Fotos: ARCHIVO PARTICULAR
RkJQdWJsaXNoZXIy MTE2ODQ5Nw==