54 | Mayo 2025 FAMILIA • Autoritarios. Se trata de aquellos que obligan a sus hijos a comportarse de determinada manera sin tener en cuenta sus necesidades y emociones. Son intolerantes e inflexibles. Tienen comunicación escasa con ellos e intentan criar niños obedientes y dependientes. Son poco afectuosos. • Manipuladores. Los abusadores emocionales que se hacen las víctimas con los hijos para conseguir lo que quieren. Con frecuencia son madres que no quieren que se vayan de casa y les hacen sentir culpables. • Controladores. Son padres que se imponen para “proteger” a sus hijos y buscan que sean sumisos y acaten sus órdenes. Quieren elegirles todo, hasta la profesión, y los llenan de frustración. • Exigentes. Hay algunos progenitores que son demasiado exigentes con sus propios hijos y que no toleran sus fracasos. Son perfeccionistas y esperan que lo hagan todo bien. Creen que la forma de conseguirlo es recordándoles sus errores una y otra vez. • Negligentes. Son permisivos y tienen miedo a poner límites. Los dejan hacer lo que quieren, faltar al colegio, comer lo que deseen y pasar por encima de los demás. • Poco comunicativos. No hablan con sus hijos, sin tener en cuen- • Sobreprotectores. No dejan a los hijos hacer nada. Esto los vuelve inseguros y dependientes. No aceptan sus amistades. • Malos modelos. Los padres deben ser ejemplo para los hijos, ya que ellos imitan sus comportamientos. ¿QUÉ HACER? Todos los progenitores, aunque sean emocionalmente sanos, se equivocan; el problema es cuando lo hacen deliberadamente y de manera repetitiva. Entonces, sus hijos empiezan a relacionar el amor con sufrimiento, a depender, a vivir con culpa y poco amor propio. De acuerdo con Gómez, para algunos padres cambiar es complejo, pero vale la pena tomarse el tiempo de revisar, si es el caso, cómo ha sido la crianza personal y aquella que se les está dando a los hijos. “Es clave ponerse en el lugar de ellos sin proyectarse y entender que tienen otro modo de ver las cosas y viven una vida distinta. Tampoco esperar que tomen decisiones por complacer o agradar, y evitar el maltrato y las discusiones que no llevan a ningún lado”, recomienda. Si un padre no ha tenido la mejor crianza, seguramente repetirá los modelos, pero si hace un alto entenderá que solo con el amor sano podrá establecer relaciones saludables con los hijos y que el trabajo más importante es consigo mismo. “No existe una guía de crianza, pues cada familia tiene sus propias circunstancias y contextos, pero si es necesario se debe buscar ayuda profesional. Hay que desaprender para reaprender y un buen comienzo es fortalecer la autoestima y la seguridad, tanto en unos como en otros”, concluye el especialista. ta que la relación entre ambos se basa en la comunicación. • Los que culpan a sus hijos de sus fracasos o se proyectan en ellos. Pueden cometer el error de proyectar sus frustraciones en los menores o pretenden que vivan la vida que ellos no han podido vivir. Con el amor sano, un PADRE establece relaciones DURADERAS con los hijos; así, su trabajo es consigo MISMO.
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