Mayo 2024 | 55 Coopidrogas Asimismo, los especialistas insisten en que es necesario controlar la información y los datos que se comparten en redes sociales por razones de seguridad, así como ser cuidadosos con las palabras clave en las búsquedas, con el fin de evitar la aparición de publicidad no deseada. Sin embargo, el consultor Jaramillo plantea un giro interesante: “Como padres pensamos en proteger a nuestros hijos y evitar que sean víctimas, pero resulta que casi ningún padre detecta cuándo su hijo puede ser un victimario en el entorno digital. Si en el mundo físico el niño es juicioso y tranquilo, puede que en el entorno digital saque otra faceta y se vuelva abusador o violento”. Jaramillo reitera que todos debemos actuar para prevenir que los niños sean presa de ataques o abusos o sean abusadores. “El mundo de las redes sociales es tan problemático porque hay una dicotomía falsa entre el mundo real y el virtual, y se piensa que lo que pase en el mundo virtual es menos grave: se cree que un chiste humillante no hace daño, mientras que, al otro lado de la pantalla, la persona afectada puede sufrir de ansiedad, depresión o deseos de suicidio por una broma que vieron miles de personas. Los niños deben entender que lo que hagan, bien o mal, trae consecuencias para ellos o para terceros”. Otra recomendación es activar el pensamiento crítico y la ciudadanía digital en los niños. “Muchos conocimos internet ya adultos, pero los niños deberían activar su pensamiento crítico para ser menos manipulables, menos víctimas, para también ser menos amplificadores de desinformación, de matoneo o de delitos, incluso”, expresa Jaramillo. Igualmente, es clave hacer el viaje juntos. Según Jaramillo, muchos padres se escudan en que los niños saben mucho de tecnología, o dicen que nacieron con el chip digital, y se quitan la responsabilidad de protegerlos y de orientarlos en el uso de las redes. “Debemos acompañarlos a ver contenido educativo, didáctico, de entretenimiento y también a hacer actividades en el mundo real: ir al parque a jugar un rato, tener espacios de reflexión en familia, como hablar sobre el contenido que les llamó la atención, lo que no les gustó, alguna conversación incómoda, pues eso ayuda mucho”, declara el consultor. Las medidas —según el profesor García— no pueden ser policivas. Es más eficiente dialogar con los hijos y establecer reglas, como el tiempo de uso de internet, la revisión de perfiles y de páginas con las que ellos interactúan, y el control parental. Y agrega que hay un gran debate y es saber si a los niños o adolescentes se les debe dar un celular: hay instituciones y países en el mundo que están prohibiendo su uso en colegios. “Esta medida tiene sentido, pues como profesor universitario he vivido los efectos dañinos del celular en un aula de clase: estudiantes que no se concentran y se distraen con información no relacionada con el tema que se estudia”. En conclusión: las plataformas no son las únicas responsables de lo que pasa con los niños y adolescentes en internet. Es un ejercicio de corresponsabilidad entre los distintos actores sociales.
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