Mayo 2024 | 47 COLUMNISTA Coopidrogas Flavia Dos Santos Psicóloga y sexóloga ¿Amor o pasión? Creo que todos nosotros hemos tenido esa duda de cuándo es amor o cuándo es solo pasión. Esas famosas mariposas en el estómago, esa sensación de nudo en la garganta o esa taquicardia producida cada vez que se ven o no. Es tan físico todo lo que se siente que el apasionado es capaz de narrar cada cosa que, a raíz de eso, está pasando en su cuerpo. Tanto se habla de la pasión que, a menudo, se escuchan de los exapasionados las fórmulas o los comportamientos “mágicos” para teorizar esos sentimientos o para definir el momento en que la pasión se encuentra en una encrucijada en que debe tomarse una dirección, ya sea para tornarse en amor o para acabar su existencia. En Brasil se dice que la pasión solo se convierte en amor después de la primera pelea, porque es ahí cuando nos descubrimos uno al otro en nuestra realidad y no en la forma en que los ojos apasionados suelen ver. Somos seres pensantes, soñadores y llenos de fantasías. Imaginar un viaje, un amor, un estilo de vida es normal y saludable en la vida tan real y dura que llevamos. La pasión, igualmente, es parte de esas fantasías. Conocemos a alguien que de pronto tiene algo que nos llama la atención, o algo que nos gusta, y sin percibir empezamos a soñar, a imaginar y a crear, ¡sí! también creamos, muchas veces, a una persona sobre el individuo real para que quepa en nuestras fantasías. Vemos todo lo que creemos que nos interesa, que nos gusta; agregamos y vamos llenándonos de una urgencia, de una necesidad de estar juntos, de no perder todo eso que sentimos como nuestro, alguien que mágicamente tiene todo lo que buscamos en una persona y en el mundo. Se siente mucha euforia, energía, acelere para todo y se perciben los extremos en las emociones: miedo, felicidad, rabia, placer y angustia. Nadie aguanta vivir así, tocando tantas respuestas emocionales, aunque parezca que todo es perfecto como es. Pero de repente la realidad comienza a revelarse. Como parecía aquella persona no es precisamente como está reaccionando, ya sea por su comportamiento o por lo que manifiesta. Es cuando llegan las desilusiones y lo común son las frases “tú no eras así” o “has cambiado”. Y ¿será que ese individuo no era así como es ahora o será que realmente se ha transformado? Tal vez sea la persona real la que está entran- do en colisión con la fantasía que me hice yo basada en mis vacíos y mis necesidades personales. Caer de la idealización del otro es muy doloroso, pero absolutamente necesario para empezar a construir una entrada al amor, a lo real. La pasión se dice ciega y no razonable, pero los que se ponen ciegos e irracionales somos nosotros, que, apasionados, deseamos con ansias cumplir nuestra fantasía romántica. Definitivamente, el amor es un proceso construido, es una sensación de paz y de tranquilidad. Además, es esperar, mientras que la pasión es urgente y angustiante; es una sensación de tempestad, pero no es parte del mundo real en el que la otra persona es como es y no como se idealiza. Son emociones distintas que, poco a poco, vamos aprendiendo a separar y a entender qué papel tienen en nuestras vidas. Apasionante sí, pero siempre conscientes de qué tanto esa pasión es real o fruto de nuestra imaginación. “Caer de la idealización del otro es muy doloroso, pero absolutamente necesario para empezar a construir una entrada al amor, a lo real”.
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