Marzo 2026 | 51 COLUMNISTA Coopidrogas Flavia Dos Santos Psicóloga y sexóloga El “síndrome de la escogida” Uno de los desafíos que nosotras las mujeres aún tenemos es liberarnos del muy común “síndrome de la escogida”, con el que muy temprano aprendemos que debemos ajustar nuestros comportamientos y, particularmente, nuestros deseos para encajar en las expectativas del otro y así ser la escogida y nunca la que elige. ¿Quién no recuerda las fiestas de la juventud en las que esperábamos que uno de los galanes nos sacara a bailar para que después fuera el que nos llamara para invitarnos a salir? Pero siempre nos parecía que ellos deberían dar el primer paso y hacer el contacto para que no pareciéramos “ofrecidas”. De esta manera, todo fluía y sigue fluyendo hacia el aprendizaje en el cual las mujeres nos ajustamos a las expectativas del otro para, finalmente, sentirnos especiales, validadas y, sobre todo, “escogidas”. La pregunta es, entonces, ¿en dónde queda nuestra capacidad de elección y nuestro deseo? El origen de toda esta situación está en los cuentos de hadas, en los que las princesas, todas sumidas en un profundo sueño, esperan que un hombre las despierte. Ellas son las que más quieren ser las escogidas. Por ejemplo, Blancanieves solo despertaba si un príncipe llegaba a besarla; la Cenicienta esperó que, entre todas las mujeres del pueblo, el príncipe reconociera que ella era la única que podría ajustarse el zapato que había perdido en el baile. Y la pobre Bella Durmiente pasó una gran parte de su vida aguardando a que el príncipe la encontrara para ser su princesa. De lo contrario, seguiría dormida sin poder vivir. ¡Qué adoctrinamiento femenino tan violento! Aprendimos a ser pasivas, a no tomar la iniciativa, a renunciar a nuestras propias personalidades y nuestros deseos. Nos enseñaron a aceptar muchas cosas que no nos gustan, que no encajan con nuestra visión de mundo, únicamente para ser aprobadas por el hombre y así caer en la fantasía de ser la única mujer escogida por él. Pero la realidad está ahí todo el tiempo golpeando nuestras fantasías, y lo que caracteriza a la mujer que está atrapada en el ciclo del “síndrome de la escogida” es la ansiedad y la preocupación constante de perder ese lugar tan duramente conquistado y tan inestable. Día tras día, busca cumplir con todo lo que él espera y desea para —de acuerdo con eso— ajustarse e intentar disminuir las probabilidades de que él pueda encontrar y ¡escoger a otra! Y cuando eso pasa, lamento decirles, pero siempre ocurre, la desesperación y el sufrimiento son inevitables. Por último, tomar conciencia de este modo de pensar y actuar es el primer paso para acabar con el ciclo que se repite en las relaciones de muchas mujeres. Escogerse a sí misma, sin negociar los propios valores ni deseos, es el camino hacia el fortalecimiento de un ego femenino real y no de uno construido en los cuentos de hadas o en las reglas del patriarcado. Ser la única y la más especial debería ser, antes de todo, para sí mismas y para sus propias decisiones y elecciones No obstante, mientras prevalezca la teoría de la escasez, en la que el amor y la validación son recursos limitados y ajenos, muchas seguirán sufriendo al creer que la monogamia solo existe en la mente de una mujer enamorada. “Nos enseñaron a aceptar muchas cosas que no nos gustan, que no encajan con nuestra visión de mundo, únicamente para ser aprobadas por el hombre...”.
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