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Marzo 2026 | 29 Coopidrogas clientes habituales— son determinantes en la fidelización. Mantener la coherencia entre lo que se promete y lo que en realidad vive el consumidor exige alinear la promesa de la identidad comercial con la cultura organizacional. En el caso de las droguerías, esto implica contar con protocolos de servicio claros, capacitación continua y un punto de venta que exprese la narrativa comunicada, desde la bienvenida hasta la despedida. Por ejemplo, si el lugar promete cercanía y cuidado humano, esto debe verse reflejado en gestos cotidianos: explicar de forma sencilla cómo usar un medicamento, respaldo profesional respetuoso a adultos mayores, orientación sobre interacciones farmacológicas sin tecnicismos o, incluso, una despedida cálida que refuerce la sensación de seguridad. HUMANIZAR PARA GENERAR CONFIANZA Para fortalecer esa percepción, Cabrera recomienda que los colaboradores adopten prácticas como el rigor en la asesoría, la escucha activa y la proactividad en el bienestar. Cada interacción es una oportunidad para consolidar la identidad del negocio como un aliado indispensable de la salud comunitaria, sostiene. En ese contexto, el droguista se convierte en el último y más influyente embajador de la marca. “Su asesoría traduce el conocimiento técnico en valor humano percibido. Cuando el asesoramiento es informado y empático, la marca se fortalece como un centro de confianza, generando recomendaciones constantes y creando una barrera natural frente a la competencia”, explica. Muchos pequeños establecimientos pierden fuerza cuando la experiencia ofrecida no es congruente: no tienen un propósito claro, dependen demasiado del precio o de la ubicación, y dejan de lado la inversión en su cultura interna. Todo esto termina debilitando su identidad, pues no logran construir una historia propia que los diferencie y, al final, se vuelven fácilmente reemplazables, explica el experto. No es suficiente con hablar de servicio o cercanía: eso debe proyectarse, como ya se dijo, en la atención, el asesoramiento y el trato diario con los compradores. Innovar también juega un rol crucial, pero siempre a partir de entender qué están buscando hoy los consumidores en salud y bienestar. Al mismo tiempo, es importante actualizar la forma en que la droguería se comunica y se presenta —ya sea en redes sociales, en el diseño del local o en su portafolio— sin perder la esencia que la ha hecho confiable para la comunidad. Lo fundamental está en mantener la autenticidad mientras se adapta a los cambios sociales y tecnológicos. ESTRATEGIA SOSTENIDA EN EL TIEMPO Hacia el futuro, Cabrera proyecta que las marcas del sector salud y bienestar evolucionarán hacia la personalización predictiva y la prevención total, apoyadas en tecnología capaz de anticipar necesidades y ofrecer experiencias integradas, fluidas y sin fricción entre lo físico y lo digital. El foco dejará de estar en la enfermedad y migrará hacia el bienestar proactivo. El experto identifica algunas tendencias esenciales que las droguerías deben considerar para no quedarse atrás en la construcción de significado: la integración phygital, que articula lo físico y lo digital; la salud preventiva y el creciente interés por el autocuidado. Estos enfoques demandan potenciar la conveniencia digital, reforzar la asesoría —incluso mediante canales virtuales— y ampliar el portafolio hacia soluciones que acompañen la salud integral. En conclusión, convertirse en marca implica evolucionar, conectar y construir significado. En un mercado donde los productos son similares, la verdadera diferencia no está en el inventario, sino en la experiencia que ofrecen. La droguería que logre erigirse en símbolo y referente de confianza no tendrá que competir por precios, sino por la preferencia de sus clientes.

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