Marzo 2026 | 15 Coopidrogas Como es tradicional cada año, Popayán, la capital del Cauca, se engalana para recibir a propios y extraños que llegan a presenciar las procesiones de Semana Santa. Esta dedicación refleja la profunda importancia de la Semana Mayor, una celebración que conmemora la pasión, muerte y resurrección de Jesucristo, y que ha convertido a la Ciudad Blanca en un referente de solemnidad y rigor litúrgico en América Latina. La UNESCO destaca que las procesiones de la Semana Mayor de Popayán, que se celebran desde la época colonial, se cuentan entre las conmemoraciones tradicionales más antiguas de Colombia. Entre el martes y el sábado previos a la Pascua, cinco desfiles recorren cerca de dos kilómetros por el centro histórico de la ciudad, con pasos de madera —en su mayoría del siglo XVII— ricamente ornamentados y acompañados por fieles con cirios, incienso y una atmósfera sonora que refuerza el carácter solemne del ritual. La organización, a cargo de la comunidad local y la Fundación Permanente Pro Semana Santa, responde a normas transmitidas de generación en generación y cumple un papel esencial en la cohesión social y la identidad colectiva. Este camino de preparación va más allá de la vivencia espiritual individual —expresada en la oración, la confesión y el ayuno— y se manifiesta también en el ejercicio de los oficios tradicionales que dan forma a las procesiones. Roles como el de carguero, que lleva los pasos; la sahumadora, encargada de perfumar el ambiente con incienso; el alumbrante, que ilumina el recorrido con cirios; y el barrendero, que despeja las calles antes del paso de la procesión, son decisivas para el desarrollo del ritual. Cada una de estas funciones se ejerce con solemnidad y compromiso, siguiendo normas establecidas que han permitido salvaguardar esta tradición, reconocida en el 2009 como Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad por la UNESCO. Pero Popayán no es un caso aislado. En Latinoamérica, la Semana Santa adquiere matices propios que reflejan la diversidad cultural de la región. En Guatemala, las alfombras de aserrín multicolor cubren las calles por donde avanzan las procesiones, transformando el espacio urbano en una obra efímera de arte y devoción. En México, en especial en la colonia de Iztapalapa, la representación de la Pasión de Cristo involucra a toda la comunidad y se vive como un acontecimiento colectivo de gran fuerza simbólica y teatral. En países como Perú, Bolivia, Ecuador y Venezuela, las celebraciones incorporan elementos de las cosmovisiones indígenas y una fuerte tradición gastronómica, en las que los platos típicos (sin carne) refuerzan el sentido comunitario de la Semana Mayor. Así, la fe se expresa no solo en los rituales, sino también en la mesa y en las prácticas cotidianas. ORÍGENES E IMPORTANCIA DE LA SEMANA MAYOR De acuerdo con la Pontificia Universidad Bolivariana (institución creada por la Iglesia católica, perteneciente a la Arquidiócesis de Medellín), la Semana Santa tiene su origen en la Pascua judía (Pesaj), una fiesta que recuerda la liberación del pueblo hebreo de la esclavitud en Egipto. Jesús, como judío, celebraba esta fecha, y fue precisamente durante aquella festividad que ocurrió la Última Cena, acto previo a su crucifixión. A lo largo de los siglos, la Iglesia cristiana adaptó esta conmemoración para centrarse en el misterio pascual, convirtiéndola en el corazón del calendario litúrgico. Luego del Concilio de Nicea (año 325), se estableció que la Pascua cristiana se celebraría el primer domingo después de la primera luna llena de primavera (hemisferio norte), Fotos e ilustraciones: ©2026 SHUTTERSTOCKPHOTOS En Colombia, la Semana Mayor es un tiempo para la devoción y la tradición cultural y gastronómica. El Vaticano reconoce las particularidades de esta semana en Latinoamérica porque son expresiones culturales únicas que celebran la fe cristiana y reflejan sincretismos históricos y festividades locales. Un vistazo a las diferentes costumbres de este lado del planeta.
RkJQdWJsaXNoZXIy MTE2ODQ5Nw==