Copidrogas Marzo 2014

Marzo de 2014| 73 Copidrogas Un café llamado Pasaje Fundado en 1936, el café Pasaje sigue plantado en el mismo lugar: carrera 6ª con calle 14, en una esquina de la plazoleta de la Universidad del Rosario. Plaza Capital, periódico virtual de este centro educativo, dice que allí “se veían entrar caballeros (que) saludaban a sus compañeros que se encontraban en tertulia y preguntaban cuál era el tema del día a debatir”. Pero “ya no es como antes, los caballeros eran muy elegantes y para entrar a un lugar como estos (sic) se necesitaban sombrero, vestido de paño, gabán y corbatín. En la actualidad, las mujeres y los niños son bienvenidos, cosa que no se veía en los años 40”, se queja un visitante asiduo. Pero la historia del Pasaje también está ligada a la del Independiente Santa Fe: la misma publicación afirma que allí se reunían “muchachos del colegio Gimnasio Moderno” que querían fundar un club de fútbol y fue así como el 28 de febrero de 1941 se firmó el acta de creación de este equipo. El café Pasaje se mantiene en pie, pero tocado por la modernidad: luces de neón iluminan sus avisos, la publicidad de las empresas multinacionales y nacionales de bebidas se ve en sus paredes, y la música no es la de antes. Sus visitantes ya no son los cachacos de traje oscuro, sino abogados que arreglan negocios con sus clientes, estudiantes, pensionados y esmeralderos que tratan de vender sus gemas al mejor postor.  de la ‘Ciudad Luz’, de acuerdo con el periodista William Navarrete en su artículo “Los cafés de París”, publicado en El Nuevo Herald. En los salones del Le Procope se gestaron hitos de la historia como la Enciclopedia y la Revolución Francesa, y se escribieron importantes piezas de la literatura universal, pues allí confluían pensadores de la Ilustración como Diderot (padre del enciclopedismo), Voltaire y Rousseau; escritores como La Fontaine, Balzac y Víctor Hugo; y políticos de la talla de Robespierre, Danton, Marat y el propio Napoleón Bonaparte. Es tal la importancia de este café y su grado de conservación que aún sigue en pie y en 1962 fue declarado monumento histórico. Pero los cafés parisinos también fueron refugio de personajes nuestros. Gabriel García Márquez frecuentaba el Chope Parisienne junto a Plinio Mendoza. Allí se encontraban cuando se enteraron de que Rojas Pinilla había cerrado El Espectador, con lo cual se iniciaron las penurias económicas del escritor en Francia. Y fue justamente en un café, el Old Navy, donde conoció al escritor argentino Julio Cortázar, otro visitante frecuente de estos lugares. LOS CAFÉS CRIOLLOS A Colombia los cafés llegaron en los albores del siglo XX. Bogotá fue la ciudad donde tuvieron su mayor esplendor, aunque en Medellín existió La Bastilla, famoso lugar que frecuentaba Tomás Carrasquilla. Al igual que en Europa, se convirtieron en el ‘hogar’ de muchos integrantes de la intelectualidad capitalina y provinciana, que desbarataban y arreglaban el mundo entre sorbo y sorbo. Hombres todos, pues no se consideraban lugares apropiados para las mujeres. “Las personas que compartían el café podían ser hacendados sabaneros, estudiantes o literatos, y… fueron en esencia una forma de sociabilidad de la incipiente clase media bogotana”, afirma la investigadora Ana María Carreira en la Revista La Tadeo, de la Universidad Jorge Tadeo Lozano. Agrega que “no existía entonces placer comparable con la tertulia acompañada de una taza de café” y los cataloga como espacios públicos que suplieron la función de las plazas que durante la Colonia satisfacían las necesidades de la gente, pero que, en la primera mitad del siglo XX, fueron insuficientes y se convirtieron en escenarios excluyentes con los cuales no se identificaba la clase trabajadora, que halló en los cafés su espacio público. La majestuosidad de Le Procope se conserva hasta nuestros días. Foto: Archivo Instituto de Patrimonio

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