Marzo de 2014 | 69 Copidrogas anidad Considerado uno de los científicos más importantes del siglo XX, el descubrimiento de este genio continúa teniendo impacto en la salud moderna. La penicilina transformó el mapa epidemiológico mundial. Con la asesoría de Gustavo de Jesús Ortiz Gómez Médico cirujano de la Universidad Tecnológica de Pereira Magíster en Administración Hospitalaria En la mañana del viernes 28 de septiembre de 1928, cuando estaba estudiando cultivos bacterianos de Staphylococcus aureus en el laboratorio del Departamento de Inocu- lación del Hospital Saint Mary en Londres, y tras regresar de un mes de vacaciones, el entonces bacteriólogo, investigador y científico Alexander Fleming observó que sus experimentos se habían echado a perder, los cultivos se habían dañado y no quedaba más que desecharlos. Cuando faltaba poco por tirar, una pequeña placa que aún no había lavado resbaló entre sus manos con tan maravillosa casualidad que le permitió darse cuenta de que había una mancha y de que alrededor del hongo contaminante se había creado un halo de transparencia. No era extraño que los cultivos estuviesen llenos de hongos, pero lo raro era que las bacterias que rodeaban la mancha habían desaparecido. Esto indicaba la destrucción celular. La decepción comenzó a transformarse en esperanza; la pequeña placa con el hongo Penicillium notatum tuvo un tratamiento prioritario, pues el hallazgo sugería que aquel halo era una sustancia, que, aunque difusa, procedía del contaminante. Así fue como se produjo el hallazgo del antibiótico más potente del mundo moderno: la penicilina. Desde entonces esa pequeña casualidad se constituyó en un colosal hallazgo de la medicina que se diseminó por el mundo entero para curar las infecciones provocadas por gérmenes. El Hospital Saint Mary, en Londres, fue el escenario en donde ocurrió la maravillosa casualidad que le permitió a Fleming crear la penicilina. FOTOs: ©2014 shutterSTOCKPHOTOS
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