Copidrogas Marzo 2014

En 1986, un grupo de activistas italianos dio origen a un movimiento pequeño y silencioso llamado slowfood, que buscaba contrarrestar el estilo de vida nutricional desenfrenado que llevó a muchos a la adicción por la comida rápida. El movimiento se masificó, al punto de ampliarse a tendencias como el sexo lento, los clubes de la pereza y los viajes sin planeación y sin destinos fijos. Hoy en día, el concepto se ha extendido al estilo de vida en general, a las urbes y la cotidianidad. Las llamadas ciudades slow se imponen en Europa, donde el movimiento tuvo su raíz en Italia. Hacia 1999, Paolo Saturnini, el alcalde del municipio de Chianti, en La Toscana, pensó que podría trasladar a su población el concepto del estilo slow food, de modo que, si este último promovía una alimentación saludable con el disfrute de cada bocado que se ingiriera y la lentitud al deglutir, esto podría aplicarse a la ciudad entera para brindar mejor calidad de vida a sus habitantes, teniendo como banderas la tranquilidad, los espacios verdes y la ausencia de estrés. La idea tuvo tal acogida que en la actualidad ocho ciudades del país están en la clasificación de cittaslow (ciudad lenta, por su traducción del italiano); entre ellas Bra, Positano y Orvieto, y el movimiento, por supuesto, se extendió a los países con las mejores economías del mundo (ver recuadro), pero con el mayor acelere de vida. Los activistas del movimiento son amantes de la vida silenciosa, alejada del tráfico estresante, la contaminación visual y auditiva; prefieren las cosas hechas en casa, se alejan de los colosales procesos de industrialización, optan por lo artesanal, por el mayor contacto posible con la naturaleza y por las tradiciones. ¿Y acerca de la tecnología? “Solo la estrictamente necesaria, porque no pretendemos estar aislados del mundo, pero sí usarla en sus justas proporciones…”, se expone en la página oficial del Movimiento Cittaslow, organización que lidera la tendencia, así como clasifica y agrupa a las urbes que cumplen con los requisitos para ser llamadas como tal. El objetivo de vida es definitivamente encontrar el equilibrio entre su comunidad y el medio ambiente. ASÍ SON LAS CIUDADES ‘SLOW’ Podría decirse que habitar una de estas ciudades es una forma de no desperdiciar la vida y aceptar que se vive mejor cuando se hace menos y se encuentra el ritmo adecuado para hacer las cosas que tanto se desean. En las ‘cittaslow’ lo lento no es sinónimo de lerdo, torpe o perezoso. En ellas se vive mejor cuando se hace menos y se encuentra el ritmo adecuado para hacer las cosas que tanto se desean: Cittaslow.es Vista de Positano, en la costa italiana de Amalfi. Sus habitantes decidieron acoger el ritmo de vida de sus numerosos visitantes y simplemente “vivir el día a día”, siendo responsables con el planeta.  Marzo de 2014| 37 Copidrogas

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