0257 Coopidrogas Junio 2025 - BAJA

Coopidrogas Marzo 2021 | 63 Aun así, Patarroyo continuó defendiendo su trabajo: “La vacuna SPf66 o vacuna Colombia contra la malaria existe y logró una protección hasta del 40% en las más de 50.000 personas que la recibieron en los años ochenta. Esa vacuna la donamos a la Organización Mundial de la Salud y allá quedó engavetada porque la entidad se quedó esperando a que las multinacionales farmacéuticas salieran con algo mejor. Esto fue hace 30 años. En todo este tiempo, laboratorios, multinacionales, gobiernos y fundaciones han ensayado 147 vacunas distintas contra la malaria con una inversión superior a los 15.000 millones de dólares, que han sido un fracaso. La mejor obtuvo una protección del 5%, y algunas indujeron reacciones negativas. Hoy nuestra vacuna está logrando una protección superior al 85% y estoy trabajando para llevarla al 100%. Por eso intentan detenernos”, dijo el científico en una entrevista a la revista Semana en el 2017. A las críticas científicas se sumó un escándalo ético que lo persiguió durante años: el uso de monos silvestres como parte de su investigación. Desde la década de los 90, Patarroyo y su equipo utilizaban monos del género Aotus (también llamados monos nocturnos) para probar las versiones experimentales de su vacuna. Estos animales eran capturados, principalmente, en la región del Trapecio Amazónico, en el sur de Colombia, y llevados al laboratorio del FIDIC en Bogotá. Organizaciones ambientalistas y defensores de los derechos de los animales denunciaron la práctica. Finalmente, en el 2012, la Corporación para el Desarrollo Sostenible del Sur de la Amazonia (Corpoamazonia) suspendió los permisos para capturar primates.

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