0257 Coopidrogas Junio 2025 - BAJA

Junio 2025 | 61 Coopidrogas En un rincón cálido y montañoso del Tolima, en un pueblo llamado Ataco, nació un niño con nombre de poeta: Manuel Elkin Patarroyo Murillo. Corría el año 1946, y aunque nadie lo sabía aún, algún día haría historia enfrentando uno de los males más antiguos y letales de la humanidad: la malaria. Patarroyo creció en una familia numerosa, con 10 hermanos, bajo la mirada firme, pero amorosa, de su madre Julia Murillo, una mujer tolimense de carácter fuerte, quien le enseñó que la educación era la mejor herencia, al igual que su padre, Manuel Patarroyo Leyva, nacido en Purificación (Tolima) y sargento de la Policía Nacional de Colombia. A pesar de vivir en un contexto en el que los recursos eran escasos, en casa se respiraba disciplina y un sentido de servicio que marcó para siempre su camino. Desde muy joven mostró una inquietud particular por los libros, la ciencia y las preguntas difíciles. A los 16 años, luego de terminar su bachillerato en Ibagué, empacó sus sueños y se fue a Bogotá a estudiar Medicina en la Universidad Nacional de Colombia, en donde se destacó por su inteligencia, disciplina y visión científica. “En ese entonces, ya tenía claro que quería investigar enfermedades que afectaban principalmente a países pobres. Su meta no era el prestigio ni el dinero, sino el impacto social. Quería encontrar soluciones para afecciones que mataban a millones de personas en el sur global, y que no eran prioridad para las grandes farmacéuticas”, destaca Clara Méndez, comunicadora social, especialista en periodismo científico. MENTE BRILLANTE EN TIERRAS EXTRANJERAS Después de graduarse como médico, Patarroyo supo que su formación apenas comenzaba. Su obsesión era entender cómo el cuerpo se defendía de las infecciones, y esta vocación lo llevó a buscar una especialización fuera del país. Gracias a su talento y persistencia, obtuvo becas para estudiar en dos de las instituciones científicas más importantes del mundo: la Universidad de Yale, en Estados Unidos, y el Instituto Karolinska, en Suecia. Allí se formó como inmunólogo, adquirió conocimientos de vanguardia y conoció a científicos de talla internacional. EL NACIMIENTO DE UNA VACUNA Luego de estudiar en el exterior, Manuel Elkin Patarroyo tomó una decisión que sorprendió a muchos: regresar a Colombia para continuar su carrera investigativa. En lugar de quedarse en el extranjero, donde tenía oportunidades laborales estables y laboratorios de primer nivel, prefirió volver a su país y comenzar de cero. Corría la década de los 70, y Colombia no tenía ni la infraestructura ni la financiación necesarias para hacer ciencia de alto nivel. No obstante, Patarroyo estaba convencido de que era posible. Se instaló en el Hospital San Juan de Dios de Bogotá, un centro que en ese momento todavía conservaba cierta relevancia científica, aunque empezaba a mostrar signos de abandono por parte del Estado. Allí fundó el Instituto de Inmunología del Hospital San Juan de Dios, que años más tarde se convertiría en la Fundación Instituto de Inmunología de Colombia (FIDIC). Inició trabajando con un pequeño equipo de estudiantes y colegas jóvenes, apasionados por la ciencia. PATARROYO fundó el Instituto de INMUNOLOGÍA del Hospital San Juan de DIOS. Foto: WILLIAM RG Hospital San Juan de Dios, en Bogotá.

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