34 | Junio 2025 ABECÉ DE LA FARMACIA extrema, debilidad, mareos e, incluso, problemas graves de salud. Por eso, cuando se va a dejar este tipo de medicamento, siempre debe hacerse de forma gradual y bajo control médico. • Hiperglucemia o diabetes inducida, que es el aumento en los niveles de azúcar en la sangre. • Hipertensión arterial, que es una condición en la que la sangre circula por las arterias con una fuerza mayor de lo normal. • Osteoporosis, enfermedad que debilita los huesos y los hace propensos a fracturas, incluso con esfuerzos o caídas leves. • Glaucoma y cataratas, afecciones oculares. • Trastornos psiquiátricos (insomnio, irritabilidad, psicosis). • Inmunosupresión con incremento del riesgo de infecciones. ¿Cómo se evitan o reducen los eventos adversos? 4 Se emplea la dosis más baja posible que funcione bien. 4 Se utilizan solo por el tiempo necesario, no más. 4 Si se pueden usar inhalados o en crema, mejor que ingerirlos. 4 Seguir siempre las indicaciones del médico. 4 En tratamientos largos, no se deben suspender abruptamente, hay que ir bajando la dosis poco a poco. ¿Qué tipos de corticoides existen? Hay muchos, pero los más comunes son: • Hidrocortisona (la más suave, indicada para la piel o los bebés). • Prednisona y prednisolona (más fuertes, se usan vía oral). • Dexametasona y betametasona. • Beclometasona, budesonida y fluticasona (se utilizan mucho en inhaladores para el asma). ¿Cómo administrar los corticoides a los niños? En estos casos hay que ser muy cuidadosos: 4 Siempre usar la dosis justa que indica el médico. 4 Si son inhaladores, utilizarlos bien (a veces con cámara espaciadora). 4 En cremas, no poner demasiado ni en zonas grandes del cuerpo. 4 Llevar un control médico para revisar el peso, el crecimiento y la salud general. 4 Explicarles que es una medicina especial y que no debe tomarse sin permiso. UN POCO DE HISTORIA: DEL NOBEL A LA DROGUERÍA El descubrimiento de los corticoides marcó un antes y un después en la historia de la medicina. Conforme con la Asociación Colombiana de Endocrinología, Diabetes y Metabolismo, su origen se relaciona con la descripción realizada por el médico británico Thomas Addison —considerado uno de los padres de la endocrinología— sobre una afección que más tarde sería conocida como enfermedad de Addison. Allí hablaba de “un estado general de languidez y debilidad, desfallecimiento en la acción del corazón, irritabilidad gástrica y una peculiar alteración en la coloración de la piel”, características que hoy se reconocen como signos de insuficiencia suprarrenal. Décadas después, a inicios del siglo XX, científicos empezaron a estudiar las glándulas suprarrenales Una mirada AL FUTURO Como sucede con cualquier tratamiento de alta potencia, el uso de corticoides exige un manejo cuidadoso y personalizado, bajo la estrecha supervisión del equipo médico. Actualmente, la investigación se enfoca en desarrollar formulaciones de corticoides más selectivas y de liberación prolongada, que permitan conservar su efectividad con menor toxicidad sistémica, agrega la médica Katherine Martínez López. Además, se promueve el uso de biomarcadores clínicos y paraclínicos para personalizar el tratamiento, disminuyendo los efectos adversos y mejorando la calidad de vida de los pacientes. Por ello, es crucial que tanto los profesionales de la salud como los pacientes colaboren estrechamente para equilibrar los beneficios terapéuticos con la minimización de riesgos, asegurando así tratamientos seguros y efectivos. con mayor profundidad. En 1930, el químico suizo Tadeus Reichstein logró aislar varias hormonas producidas por la corteza suprarrenal. Entre ellas, una sustancia clave: la cortisona, con potentes efectos antiinflamatorios. Paralelamente, en Estados Unidos, los investigadores Edward Kendall y Philip Hench, de la Clínica Mayo, avanzaban en la aplicación clínica de estas sustancias. El gran hito llegó en 1948, cuando Hench y Kendall administraron cortisona a pacientes con artritis reumatoide y observaron una mejoría rápida y significativa. Este hallazgo causó un gran impacto en la comunidad médica y abrió el camino para el desarrollo de múltiples derivados sintéticos con efectos terapéuticos similares. En reconocimiento a este avance, Hench, Kendall y Reichstein recibieron el Premio Nobel de Fisiología o Medicina, en 1950, por sus descubrimientos relacionados con las hormonas de la corteza suprarrenal.
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