Junio 2023 | 63 Coopidrogas como la Casa Batlló (1904-1906), la Casa Milà, llamada popularmente “La Pedrera” (1906-1910); y la Casa Figueras o “Torre Bellesguard” (1900-1909). Como resultado de este impresionante despliegue creativo, siete piezas de la obra gaudiniana, todas ellas ubicadas en Barcelona y edificadas durante este periodo, fueron declaradas Patrimonio Mundial de la Humanidad por la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (Unesco, por su acrónimo en inglés). Fue en 1914 cuando Gaudí, de manera súbita, dio por terminada la realización de proyectos por encargo para depositar integralmente su visión en el diseño y construcción de la Sagrada Familia, monumento que cristaliza el capital religioso que tan decididamente atravesó tanto la vida como la obra del arquitecto. Foto: COLORMAKER Foto: BRUCE ALAN BENNETT Casa Museo Gaudí, situada dentro del parque Güell. Figura de animal, decorada con mosaico, en el parque Güell. Un desconocido EN EL TRANVÍA Indocumentado, sin dinero, con su aspecto descuidado, ropajes ajados y apenas un par de objetos evangélicos en los bolsillos, Antoni Gaudí fue confundido con un mendigo tras ser arrollado por el tranvía de Barcelona. Debido a su apariencia, ningún transeúnte se tomó la molestia de auxiliarlo oportunamente y fue dejado a su suerte; solamente 48 horas después del accidente pudo ser reconocido. Lámpara de techo en la Casa Batlló. Foto: SONGQUAN DENG EL OCASO DE UN GENIO Marginado de la vida social tras dedicarse obsesivamente al cultivo de su obra, Gaudí fue constantemente criticado por sus gustos extravagantes y altisonantes, acompañados por una tendencia al ensimismamiento que empeoró tras la muerte de su padre en 1906. “Este acontecimiento –reconoce el historiador– lo sumergió en una insondable depresión que terminó por aislarlo, incluso, de las élites intelectuales que tan suntuosamente lo acogieron en su juventud, pero que ahora se comportaban como sus más tenaces detractores”. Pronto, su aspecto físico también se deterioró por el retraimiento, provocándole una profunda decepción amorosa que haría de él un hombre todavía más desaliñado y amargado. Para encontrar algún sosiego, el genio se refugió en ritos como el desempeño práctico de la fe católica, el seguimiento estricto de una dieta vegetariana y el ejercicio de prolongados, aunque nocivos, periodos de ayuno. Durante sus últimos años de vida, el maestro se acostumbró al trayecto desde la iglesia de San Felipe Neri, donde solía profesar su fe, hasta su lugar de trabajo en la Sagrada Familia. El 7 de junio de 1926, durante uno de sus habituales recorridos nocturnos, un envejecido Gaudí fue arrollado en la línea del tranvía, permaneciendo inconsciente y sin auxilio alguno durante horas. El catalán murió tres días después, el 10 junio, en el Hospital de la Santa Creu, y su cuerpo fue sepultado bajo los cimientos de su obra más icónica, en la cripta de la Sagrada Familia.
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