Revista-Coopidrogas-Junio

Junio 2023 | 61 Coopidrogas “Su niñez estuvo acompañada de numerosas afecciones de salud asociadas al reumatismo que padecía, lo cual condicionó sus hábitos hasta engendrar en él una personalidad muy singular”, advierte el historiador y docente Hernán Álvarez. Mientras su condición le impedía jugar con otros niños de su edad, su intelecto desarrollaba una creciente admiración por las formas de la naturaleza que asomaban en los ventanales de su hogar. El joven Antoni acabó por forjar “un carácter reservado y prácticas higienistas que tendrían consecuencias drásticas en su vida adulta”, explica Álvarez. ALBORES DEL LEGADO GAUDINIANO Hacia 1868, Gaudí se trasladó a Barcelona junto con su hermano Francesc, donde culminó el bachillerato y, posteriormente, fue aceptado en la Escuela Técnica Superior de Arquitectura de Barcelona (ETSAB). Allí se formó y trabajó de la mano de arquitectos tan reputados como Francisco de Paula del Villar y Lozano y Josep Fontserè i Mestre, encontrando en el experimentado Joan Martorell i Montells un mentor durante los venideros años de su carrera. “No sé si hemos dado el título a un loco o a un genio. El tiempo lo dirá”, pronunció el primer director de la ETSAB, Elies Rogent i Amat, cuando, en 1878, Gaudí culminó sus estudios allí. Y realmente, con el paso de los años, surgió la genialidad del catalán, quien, durante sus primeras incursiones profesionales, bosquejó algunos de los diseños que delatarían su inspiración en las formas orgánicas de la naturaleza, como el de la Casa Batlló, el patio de la Diputación de Barcelona y la fuente monumental para la Plaza de Cataluña. “El arquitecto del futuro —sentenciaba un Gaudí más maduro— se basará en la imitación de la naturaleza porque es la forma más racional, duradera y económica de todos los métodos”. Su musa y AMOR IMPOSIBLE Durante sus 73 años de vida, Gaudí perpetró una única propuesta firme de matrimonio. Se trató de Pepeta Moreu, una joven catalana que, a pesar de admirar al arquitecto por su deslumbrante ingenio artístico, se negó a su ofrecimiento al no sentirse atraída por el maltrecho aspecto del genio. “La musa de Gaudí”, como se le conoció eventualmente, pasó a ser también su amor imposible, una frustración que lo empujó hacia los laberintos de la religión y el misticismo. Foto: COLORMAKER Parque Güell, situado en Barcelona (España). prominentes estructuras cuya exhi- bición pública acabó por llamar la atención de las más acaudaladas audiencias. Tal fue el caso de Eusebi Güell i Bacigalupi, un industrial y político barcelonés cuya pasión por el arte lo motivó a volverse el mecenas del arquitecto reusense tan pronto como lo conoció, promoviendo sus obras en diferentes círculos de influencia y financiando sus más inusuales apuestas creativas. Producto de esta provechosa amistad, el recién graduado Gaudí consiguió mezclarse en destacados espacios intelectuales que le permitieron formar parte de proyectos tan variados como ambiciosos. Obtenido el título de arquitecto, Antoni emprendió su obra arquitectónica asumiendo algunos encargos en la provincia de Barcelona, donde se destacó por ejecutar proyectos como el de la Cooperativa Obrera Mataronense, la vitrina para la Guantería Esteban Comella y otras El artista DESARROLLÓ una ADMIRACIÓN por las formas de la NATURALEZA.

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