C M Y CM MY CY CMY K Coopidrogas nión del trabajo o una cita médica o se inquietan por un escenario improbable, como el fin del mundo”, afirma Fabrett. Y así, esos pensamientos se apoderan de la mente, impiden la concentración y la persona se siente atrapada, lo que la hace aún más ansiosa y estresada, y el ciclo continúa hasta que se vuelve agotador. Algunas de las consecuencias, según Rosas, van desde la imposibilidad de fijar la atención y rendir en el trabajo o en la parte académica hasta, por supuesto, afectarse la calidad de vida, no solo personal, sino también la de sus familiares, amigos y compañeros de trabajo. HORA DE BUSCAR AYUDA En ocasiones, romper el ciclo no es fácil. Y las ideas obsesivas llevan a la inseguridad, la dependencia, la culpa y las dudas en todos los aspectos de la vida. “Cuando se altera la funcionalidad, el individuo pierde tiempo, aplaza, procrastina, no se concentra, comete errores, no duerme bien y tanto estrés y ansiedad terminan por fatigarlo e, incluso, enfermarlo físicamente. En esos casos, debe consultarse a un especialista”, recomienda Rosas. A lo anterior, se suman otras señales como irritabilidad, intolerancia a la frustración, sufrimiento anticipado y hasta dificultad para interactuar con personas que hacen las cosas a otro ritmo. Hay quienes además pueden terminar con depresión. Asimismo, se afecta la memoria. El ejemplo más típico es cuando alguien está leyendo un libro y luego no recuerda nada y tiene que volver a empezar. O cuando es incapaz de recordar nombres de personas, citas o actividades diarias. La asesoría profesional calma los pensamientos.
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