14 | Junio 2023 MEDICINA & SALUD REPERCUSIONES MAYORES Los estudios relacionados con la obesidad fueron los que permitieron tener los primeros indicios de ese vínculo entre el sistema inmune, los procesos inflamatorios crónicos de semanas, meses o años y el mayor riesgo de enfermedad. Específicamente, la inflamación sistémica crónica de bajo nivel en las personas obesas se asocia a una infiltración de células llamadas macrófagos que rodean los adipocitos o células que almacenan la grasa. Es decir, los adipocitos, antes diseñados para ser reservorios de energía, se convierten en células proinflamatorias, y esta parece ser la conexión que une la obesidad con la enfermedad cardiovascular. Es clave, desde ya, modificar los hábitos que están afectando su salud y calidad de vida. • Alimentación. La nutricionista dietista, Lucía Correa de Ruiz, aconseja incluir en la dieta los diversos grupos de alimentos, según su edad, sexo, actividad, hábitos, estado de salud, ausencia o presencia de diversas patologías. Las frutas, verduras, frutos secos, granos integrales, pescados y aceite de oliva forman parte de dietas, como la mediterránea, que se recomiendan para reducir la inflamación. • Ejercicio. La Organización Mundial de la Salud sugiere realizar actividades físicas-aeróbicas moderadas durante al menos 150 a 300 minutos a la semana o aeróbicas intensas entre 75 y 150 minutos, o una combinación de las dos. • Peso. La grasa acumulada, especialmente en el abdomen, es muy nociva, dice el doctor Enrique Melgarejo. Favorece la producción de sustancias químicas proinflamatorias y deriva en enfermedades cardiovasculares. • Calidad de vida. Asegúrese de dormir bien, no fume, limite el consumo de alcohol y aprenda a manejar los niveles de estrés en casa, en el trabajo y en otros espacios. Estilos que dan vida Para que no queden dudas, en el análisis mencionado, los investigadores encontraron una fuerte asociación entre cambios importantes en el tejido adiposo de pacientes con obesidad infantil y la llamada metainflamación. En muchos casos, persiste la obesidad en la edad adulta, lo que eleva el riesgo de desarrollar un fenotipo proinflamatorio. En cuanto a las enfermedades cardiovasculares, el cardiólogo Enrique Melgarejo Rojas, expresidente de la Sociedad Colombiana de Cardiología y Cirugía Cardiovascular, explica que “la inflamación crónica conlleva a daño vascular, al sobreexpresar unas sustancias llamadas metaloproteinasas que se ‘comen’ la placa fibrosa del núcleo lipídico de la placa aterosclerótica, la cual, al desintegrarse o romperse, produce el trombo o el infarto cerebral o cardiaco”. El daño del endotelio es otra de las consecuencias de los procesos inflamatorios crónicos, que representa no solo un mayor riesgo cardiovascular, sino también el desarrollo de otras enfermedades. Con la pandemia del COVID-19, dice Melgarejo, se vio un claro ejemplo de esta situación: “Ante la agresión del virus, el endotelio reaccionaba produciendo una tormenta de citoquinas (grupo de proteínas y glucoproteínas que actúan como reguladoras de algunas células relacionadas con las respuestas inmunitarias e inflamatorias del organismo), y se determinó que el Sars-Cov-2 debía considerarse como una endotelitis (infección e inflamación del endotelio, es decir, de las células que recubren internamente los vasos sanguíneos) que, finalmente, llevaba a la formación de trombos en diferentes órganos (corazón, pulmón, cerebro, riñones, arterias y venas)”. Existe una CONEXIÓN entre los procesos INFLAMATORIOS y la enfermedad CARDIOVASCULAR.
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