Julio 2025 | 7 EDITORIAL Coopidrogas Hoy el modelo cooperativo es más necesario que nunca En un mundo en el que la competencia es feroz, el bien individual prima sobre el grupal y la riqueza mundial se acumula en unas pocas manos, el modelo cooperativo parece ir contra la corriente. Esta alternativa que durante años fue vista como una vía secundaria, hoy emerge como una de las respuestas más coherentes a los desafíos sociales, económicos y territoriales a los que nos enfrentamos en Colombia. Según un informe elaborado por la ONG Oxfam Intermón, en el planeta el 1% de los más ricos posee más riqueza que el 95% de la población mundial en conjunto, y, de esta riqueza, solo el 31% está concentrada en los países del sur global o países en vía de desarrollo, pese a que estos representan el 79% de la población total. Sin duda, una señal de que la pobreza y la desigualdad serán una constante por mucho tiempo, a menos que sean combatidas por modelos económicos solidarios, que vayan más allá de su intención de generar riqueza y, en cambio, sean multiplicadores de bienestar colectivo. Para el caso del cooperativismo, las cifras hablan por sí solas: en el país, existen más de 3.200 cooperativas, registradas en las superintendencias, las cuales tienen presencia con 1.156 oficinas y 31.982 corresponsales, cumpliendo un papel fundamental en municipios rurales distantes y afectados por la violencia, donde converge el 8,8% de los asociados, que aportan un capital social de 5,4 billones de pesos, aproximadamente. Esto significa que en muchos lugares donde el mercado privado no ve oportunidad, las cooperativas garantizan acceso a servicios básicos, desde el ahorro y el crédito hasta la salud, la educación y la distribución de productos esenciales, como es el caso de Coopidrogas. Sin embargo, el modelo cooperativo sigue siendo subvalorado en una narrativa económica centrada en unicornios tecnológicos, grandes fondos de inversión y startups disruptivas, por lo tanto, hemos olvidado una verdad elemental: la confianza y la cohesión social son activos económi- cos. En contextos de fragmentación y desconfianza institucional, el modelo cooperativo ofrece justamente lo que más escasea: vínculos de largo plazo, estructuras que distribuyen el poder y reinvierten sus excedentes en beneficio de muchos. Hoy, que discutimos reformas estructurales en salud, desarrollo rural e inclusión financiera, el modelo cooperativo no debería ser una nota al pie, debería estar en el centro de la conversación, porque el cooperativismo no solo amplía coberturas, sino que aporta al desarrollo local, fortalece la participación, redistribuye oportunidades y permite que pequeños actores, como una farmacia de barrio o una asociación campesina, se integren a cadenas de valor más grandes sin ser absorbidos o marginados. En tiempos de polarización y escepticismo, el modelo cooperativo nos recuerda algo esencial: que se puede crecer sin competir salvajemente y que se puede prosperar sin dejar a otros atrás. Por esto, a propósito de la conmemoración del Día Internacional de las Cooperativas, celebrado el 5 de julio, dejo como reflexión la necesidad de que creamos en lo colectivo, porque cuando las personas se organizan y se reconocen como parte de un mismo propósito, el progreso deja de ser un privilegio y se convierte en una construcción compartida. Pensemos en todo lo que Coopidrogas ha cimentado bajo este modelo y, por supuesto, en el impacto positivo y la evolución que han tenido todos sus asociados desde el ingreso a esta Cooperativa, además de todos los beneficios que les ha brindado desde su constitución, para avanzar empresarialmente, ser más competitivos y lograr su crecimiento profesional, personal, familiar y empresarial. “... el modelo cooperativo ofrece justamente lo que más escasea: vínculos de largo plazo, estructuras que distribuyen el poder y reinvierten sus excedentes en beneficio de muchos”. Daniel Quirós Bertocchi Gerente General
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