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Julio 2025 | 51 COLUMNISTA Coopidrogas Flavia Dos Santos Psicóloga y sexóloga ¿Los hombres envejecen? En uno de los libros de Simone de Beauvoir, La vejez, ella dice que el viejo siempre es el otro, porque hay un fenómeno inconsciente en el cual nosotros nunca nos vemos viejos, pero sí a los otros, siempre; no obstante, a pesar de esa negación respecto a nuestra propia vejez, la verdad es que todos estamos envejeciendo cada día. Pero hay algo curioso que percibo en las consultas, en las tantas charlas y conferencias que dicto por todo el país y, sobre todo, en conversaciones relajadas con amigos cuando el tema del envejecimiento se pone sobre la mesa. Mientras que nosotras las mujeres intercambiamos muchas ideas, experiencias, hablamos sobre miedos, damos o escuchamos consejos y buscamos informaciones acerca de lo que tiene que ver con la salud, el cuerpo, la sexualidad y las emociones que vivimos durante el proceso de envejecimiento, a los hombres casi no se les escucha hablar sobre la propia vejez. No hablar, en realidad, ha sido uno de los grandes problemas mascu- linos; aunque se ha culpado a la prohibición de llorar a los hombres, ciertamente lo que siempre ha sido cohibido en el universo masculino es la palabra. Son pocos los que saben nombrar lo que sienten o identificar los afectos cuando se manifiestan, o sea, la educación emocional que busca comprender la gama de emociones que compone a los seres humanos es totalmente ignorada durante el desarrollo masculino. Todo esto hace que sigamos viendo a los hombres tomados por la angustia, lo que se traduce en comportamientos autodestructivos, como el alcoholismo, la depresión, las dificultades sexuales, la baja autoestima y la soledad. En fin, un repertorio enorme de ansiedades no canalizadas que no solo los lleva a al sufrimiento, sino también los aleja de la comprensión acerca de los cambios que aparecen en la vejez, pues, pese a estar en una sociedad patriarcal en la que a los hombres no se les exige que parezcan más jovenes para ser valorados, ellos sí permanecen en un silencio solitario cargado de dudas y miedos por no saber que está pasando y qué acontecerá en cada nueva etapa de ese proceso. Callar sobre un asunto tan real y tan transformador no significa que no sea incómodo y que no lleve a un sufrimiento, todo lo contrario, temas que no se hablan se tornan tabú y ejercen el poder de controlar decisiones y pensamientos a la hora de ser confrontados. El mundo, por fortuna, está cambiando. Las mujeres hablando de sus miedos, buscando mejor calidad de vida, proyectando un futuro en el que la vejez sea una nueva y placentera etapa de la vida, y quizá sea la oportunidad para que los hombres empiecen igualmente a hablar, a expresar sus aflicciones y, más que todo, a percibir su propio envejecimiento para dejar atrás patrones que ya no van en un contexto más abierto y humanizado para todos. ¡Hablen, señores, les garantizo que no solo será liberador para ustedes, sino también tranquilizador! “Son pocos los que saben nombrar lo que sienten o identificar los afectos cuando se manifiestan, o sea, la educación emocional que busca comprender la gama de emociones que compone a los seres humanos es totalmente ignorada durante el desarrollo masculino”.

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