50 | Julio 2025 FAMILIA • Desafíos extremos de parkour. A pesar de que es una disciplina deportiva seria, en redes sociales ha sido reinterpretada por adolescentes que se graban saltando entre techos, edificios o trenes en movimiento. En Valencia (España), un joven de 14 años murió en el 2022 tras caer desde un cuarto piso intentando uno de estos retos. EL CEREBRO ADOLESCENTE Y LA PRESIÓN SOCIAL Los expertos coinciden en que los adolescentes son especialmente vulnerables a tomar decisiones impulsivas. La corteza prefrontal, que regula el juicio y el autocontrol, se desarrolla completamente hacia los 25 años. “El problema no es que los adolescentes sean irresponsables, sino que están biológicamente programados para buscar nuevas experiencias. Si a eso se suma la constante exposición a estímulos digitales y la presión social, el coctel es explosivo”, advierte la psiquiatra Mónica Lozada. A esto se agrega el fenómeno de presión de grupo. En un estudio publicado por la revista Pediatrics en el 2022, el 43% de los adolescentes encuestados dijo haber participado en un reto viral porque sus amigos también lo hacían y el 29% lo hizo para ganar más seguidores. De acuerdo con la psicóloga consultada, estas apuestas igualmente responden a otros fenómenos en los adolescentes, como: 1. Búsqueda de aceptación social. La adolescencia es una etapa clave en la construcción de la identidad. En este período, el grupo de pares gana una importancia fundamental. Participar en un reto viral permite a los jóvenes sentirse parte de una comunidad, reforzar su sentido de pertenencia y, en muchos casos, obtener validación inmediata con “me gusta” o comentarios. 2. Deseo de popularidad y visibilidad. Para muchos adolescentes, alcanzar notoriedad en redes sociales se ha convertido en una meta tan válida como sobresalir en deportes o en lo académico. En este contexto, los retos virales son una especie de trampolín hacia la fama, aunque sea efímera. 3. Curiosidad, adrenalina y sensación de poder. Muchos desafíos involucran cierto grado de transgresión, peligro o humor negro. Saltar de un puente, simular estar poseído, comer algo picante hasta llorar o aguantar la respiración hasta el desmayo son prácticas que, más allá de lo absurdo, despiertan una combinación de emociones intensas. “Los retos virales, principalmente los extremos, activan circuitos cerebrales ligados al sistema dopaminérgico. Esto significa que producen excitación, que puede ser adictiva. Además, dan la sensación de controlar una situación que en realidad es peligrosa, lo cual refuerza la conducta”, manifiesta Restrepo. 4. Imitación y efecto contagio. Las pruebas se alimentan de un fenómeno conocido como “efecto de imitación”. Cuando un influenciador o un compañero de colegio realiza un reto y lo publica, muchos jóvenes se sienten atraídos a hacer lo mismo para no quedarse atrás. Este impulso no siempre es racional: funciona como una ola social que arrastra a los participantes casi de forma automática. 5. Superación personal. Algunos retos, en especial los que no son peligrosos, se presentan como “pruebas de carácter” o “retos mentales”. El discurso detrás suele ser el de vencer miedos, salir de la zona de confort o demostrar valor. Esta narrativa, pese a que puede tener efectos positivos si se canaliza correctamente, también ha sido utilizada para justificar acciones extremas bajo la premisa de que “quien lo logra es más fuerte o valiente”. 6. Falta de educación mediática y criterio digital. Finalmente, uno de los factores que hace que los retos virales sean tan atractivos es la ausencia de una formación sólida en el uso crítico de los medios digitales. Muchos usuarios no logran distinguir entre contenido de entretenimiento y riesgoso. Tienden a pensar que, “si está en internet, no puede ser tan grave”, o que “todos lo hacen, así que debe ser seguro”. Tener una COMUNICACIÓN abierta con los hijos, sin JUZGAR, es esencial para obtener conversaciones VALIOSAS.
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