Julio 2025 | 49 Coopidrogas Sin embargo, no todos los retos virales son inofensivos. Muchos apelan a la adrenalina, a la exposición extrema o directamente al peligro. El atractivo psicológico detrás de estos, según explica la psicóloga, radica en tres factores: “La necesidad de pertenencia al grupo, la validación a través del ‘me gusta’ y comentarios, y el desarrollo incompleto de la corteza prefrontal, que en adolescentes todavía no regula del todo la toma de decisiones impulsivas”. RETOS PELIGROSOS • The blackout challenge (reto del apagón). Consiste en contener la respiración hasta desmayarse, buscando una supuesta sensación de euforia. Conforme con reportes del Centro para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC) de Estados Unidos, al menos 15 menores murieron entre el 2021 y el 2022 tras intentar esto. Uno de los casos más mediáticos fue el de Nylah Anderson, una niña de 10 años que falleció en Filadelfia en diciembre del 2021. Su madre, Tawainna Anderson, demandó a TikTok argumentando que el algoritmo promovía contenidos peligrosos a menores. • El reto Benadryl. Este incentiva el consumo de grandes dosis del antihistamínico Benadryl (difenhidramina) para inducir alucinaciones. El caso más lamentable fue el de Jacob Stevens, un niño de 13 años de Ohio, que murió en abril del 2023 tras ingerir una sobredosis durante una grabación. Las autoridades sanitarias de Estados Unidos alertaron sobre los peligros de seguir estos consejos en redes sociales. • El tide pod. Durante el 2018, adolescentes en varias partes del mundo comenzaron a morder cápsulas de detergente líquido como una broma, filmándose mientras sufrían las consecuencias. Las empresas fabricantes como Procter & Gamble lanzaron campañas urgentes para frenar esta peligrosa tendencia. La Asociación Americana de Centros de Control de Envenenamientos reportó más de 10.000 exposiciones intencionales en menores ese año. • La moneda y el enchufe. Viralizado en TikTok en el 2020, este “juego” consistía en insertar una moneda en medio de un cargador parcialmente enchufado, provocando cortocircuitos, chispas e, incluso, incendios. Escuelas en Estados Unidos y Reino Unido reportaron daños materiales y hasta quemaduras en algunos jóvenes. Fotos e ilustraciones: ©2025 SHUTTERSTOCKPHOTOS ¿Qué pueden hacer las familias y los colegios? La solución no es prohibir, sino educar. Las redes sociales no desaparecerán, pero sí se puede dotar a los jóvenes de herramientas para navegar en ellas con criterio y autocuidado. Por eso, las recomendaciones de los expertos consultados son: • Tener una comunicación abierta: hablar con los hijos sobre lo que ven en línea, sin juzgar, es esencial. Preguntar: “¿Qué retos has visto últimamente?” puede abrir la puerta a conversaciones valiosas. • Proporcionar educación digital: tanto en casa como en los colegios se debe enseñar pensamiento crítico, identificar fuentes confiables y diferenciar contenido real del dañino o manipulado. • Supervisión sin invasión: el control parental puede ser útil, pero más efectivo aún es acompañar la experiencia digital. Compartir cuentas, configurar alertas y revisar juntos los contenidos detecta señales de riesgo. • Reforzar la autoestima: muchos adolescentes caen en estas situaciones por la necesidad de aprobación externa. Si se sienten valorados en su entorno real, es menos probable que busquen validación virtual a toda costa. • Formación docente: los profesores también deben estar actualizados sobre estas tendencias. Una alerta temprana en el aula puede prevenir tragedias.
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