0258_Coopidrogas_23_julio_2025

32 | Julio 2025 ABECÉ DE LA FARMACIA se exigió la presencia de farmacéuticos titulados. Fue entonces cuando se comenzó a separar esta figura de la del boticario empírico. Esta transición fue clave para consolidar las prácticas técnicas y científicas, y también para formalizar la producción de medicamentos. Hacia finales del siglo XIX y comienzos del XX, según registros del libro La fórmula perfecta: farmacias y droguerías en Colombia, publicado por Coopidrogas con ocasión de sus 50 años, ya existía una distinción entre: • Drogas simples (como las plantas secas). • Fórmulas magistrales (preparadas por encargo del médico). • Específicos o patentados (productos comerciales listos para vender). Durante el siglo XX, con la llegada de laboratorios como JGB, Winthrop y Bayer, la industria farmacéutica se expandió en el país. Antioquia (1915), que formaron generaciones de farmacéuticos profesionales. Estos no solo mantenían viva la tradición magistral, sino que la perfeccionaban con nuevas técnicas galénicas, control de calidad y estudios sobre principios activos y excipientes. Asimismo, surgieron personajes históricos que marcaron la identidad farmacéutica del país, como Manuel Román y Picón, fundador de la Botica Román en Cartagena en 1835; Hugo Biester, farmacéutico alemán que fundó la Botica Alemana en Bucaramanga; o la legendaria Botica de los Gallo, en Medellín, cuna de varias generaciones de farmacéuticos. La prensa de la época, incluso, reseñaba la inauguración de boticas como un evento importante. En 1857, el periódico El Porvenir anunciaba la apertura de la Botica de Riomalo y Compañía en Bogotá como “un servicio que la ciudad jamás había tenido”. A mediados del siglo XX, la producción masiva de medicamentos hizo que las fórmulas magistrales empezaran a disminuir. Las grandes farmacéuticas ofrecían fármacos estandarizados, de alta calidad y con controles estrictos. Para muchos, esto significaba una mejora en el acceso y la seguridad de los tratamientos. Sin embargo, la estandarización dejó por fuera a quienes no encajaban en los parámetros industriales. Bebés, ancianos, pacientes con enfermedades raras o con intolerancias Los medicamentos estandarizados se volvieron accesibles, especialmente en zonas urbanas. Sin embargo, las boticas siguieron siendo esenciales en los pueblos y corregimientos, donde muchas veces eran el único punto de acceso a medicinas. A la par, se consolidaron instituciones educativas como la Escuela de Farmacia de la Universidad de En un país donde la mayoría de los medicamentos se fabrican de forma industrial, las farmacias que aún elaboran fórmulas magistrales son verdaderos bastiones de una práctica centenaria. Lejos de ser un resabio del pasado, estos establecimientos representan la continuidad de una tradición científica y artesanal que sigue siendo útil, necesaria y, para muchos pacientes, insustituible. Aquí algunas de las que aún se destacan en Colombia: • Droguería San Jorge (Cali, Bogotá, Palmira): con laboratorio autorizado por el Invima, distribuye fórmulas magistrales a todo el país. • Farmacia Dermosalud (Bogotá): especializada en dermatología, trabaja directamente con médicos. • MD Farmacia Magistral (Bogotá): ofrece fórmulas en ginecología, psiquiatría y medicina integrativa. • Labfarve (Bogotá y Medellín): prepara fórmulas con base en cannabis medicinal y plantas tradicionales. • Biohealthy (Medellín): trabaja con dermatólogos y veterinarios para preparaciones en humanos y animales. El legado continúa DURANTE el siglo XX, las grandes FARMACÉUTICAS comenzaron a ofrecer medicamentos ESTANDARIZADOS.

RkJQdWJsaXNoZXIy MTE2ODQ5Nw==