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Julio 2025 | 31 Coopidrogas o la edad del paciente; eliminar excipientes que provoquen alergias o intolerancias (como lactosa, gluten, colorantes, conservantes); modificar la forma de administración, por ejemplo, convertir una cápsula en jarabe para un niño o un anciano; o mezclar principios activos que no se encuentran juntos en un solo producto comercial. En palabras sencillas, como dice Didier Parra, químico farmacéutico de la Universidad El Bosque, “la fórmula magistral es lo más parecido a un traje hecho por un sastre, pero en el mundo del medicamento. Se piensa y se fabrica para una sola persona”. Estos compuestos pueden presentarse como jarabes, cápsulas, ungüentos, cremas, supositorios, geles, soluciones orales o gotas oftálmicas, entre otras formas. En todos los casos, se elaboran en condiciones controladas, con materias primas certificadas, y siguiendo protocolos de calidad establecidos por la normativa sanitaria vigente. En Colombia, estas preparaciones están reguladas por la Resolución 1403 del 2007, que instaura el Modelo de Gestión del Servicio Farmacéutico, y por el Decreto 2200 del 2005, que define los requisitos para establecimientos que realicen actividades de elaboración, control y dispensación. Según estas normas, una fórmula magistral debe cumplir criterios de calidad, estabilidad, trazabilidad, conservación y dispensación segura, y solo puede ser hecha por un farmacéutico titulado. UNA MIRADA AL PASADO Para entender el origen de las fórmulas magistrales en Colombia es necesario viajar varios siglos atrás. En la época colonial, la salud era un asunto profundamente ligado a la religión, la naturaleza y la autoridad imperial. En ese contexto, las boticas, precursoras de las farmacias modernas, eran mucho más que simples expendios de medicamentos: eran laboratorios, dispensarios y centros de conocimiento. Las primeras boticas en territorio colombiano se remontan al siglo XVI. Conforme con el libro Más de un siglo de historia. De escuela de farmacia a Facultad de Ciencias Farmacéuticas y Alimentarias (1915-2017), de la Universidad de Antioquia, la primera botica registrada fue la de Francisco de Cote en Santa María la Antigua del Darién, en 1522. Posteriormente, se instalaron otras en Santafé de Bogotá, como la de Pedro López de Buiza, la del Colegio San Bartolomé y la del convento de los padres dominicos. Eran tiempos en los que el saber médico se traía desde Europa, y con él, la necesidad de reproducir fórmulas, pomadas, bálsamos y jarabes siguiendo las recetas de los tratados hipocráticos y galénicos. Los boticarios, figuras centrales en este sistema, no solo preparaban medicamentos, también conocían la química práctica, la botánica, la dosificación y, muchas veces, la astrología, ya que creían que los efectos de las sustancias podían variar según el momento del año o del día. Muchos de ellos eran religiosos o personas formadas empíricamente, quienes con el tiempo fueron adquiriendo un estatus similar al de los médicos. Durante la Colonia y buena parte de la República, las fórmulas magistrales eran la norma, no la excepción. Los medicamentos no se producían en serie. El médico diagnosticaba y el boticario preparaba. El proceso podía incluir desde tinturas alcohólicas y ungüentos a base de plantas, hasta supositorios elaborados con grasas animales y extractos naturales, todo conforme al saber médico. Las boticas solían dividirse en tres espacios: el laboratorio (donde se elaboraban los medicamentos), la rebotica (una especie de depósito de materias primas) y la tienda al público. El cliente entraba, entregaba su receta, y esperaba mientras el boticario preparaba el fármaco frente a él. Esta interacción directa fortalecía el vínculo entre profesional y paciente, y daba lugar a la prescripción personalizada, base de las actuales fórmulas magistrales. LA LLEGADA DE LA MODERNIDAD A mediados del siglo XX, con la creación de normativas sanitarias como la Ley 35 de 1929 y su decreto reglamentario de 1930, se instituyeron las clases de farmacias y Las FÓRMULAS magistrales se elaboran con materias primas CERTIFICADAS y siguiendo protocolos de CALIDAD. Foto: ARCHIVO PARTICULAR Farmacia de Santa María Novella, la más antigua de Europa, situada en Florencia (Italia).

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