Coopidrogas julio 2024

Julio 2024 | 55 COLUMNISTA Coopidrogas Flavia Dos Santos Psicóloga y sexóloga Sexualidad que no me enseñaron Yo crecí en un colegio de religiosas, que suele ser muy común para muchas personas. Cuando empiezo el bachillerato entro a una nueva disciplina curricular que, obviamente, a todos despertó risas, conversaciones de pasillo y una mezcla de miedo y curiosidad. Era la educación sexual, que venía después de la descripción de otra, la educación moral y cívica. Hasta aquel momento en mi casa solo una vez mi mamá me habló de algo cercano a la sexualidad, que fue la menstruación, ya que tenía que enseñarme a usar toallas y, muy rápidamente, me dijo que yo ya podría tener hijos. O sea, ¡no dijo nada! Pero en el colegio sí había la famosa disciplina, que se limitó a cuatro lecciones, reemplazadas luego por clases de gimnasia. El gran día de la nueva asignatura finalmente llegó y en un auditorio del colegio unieron las dos clases que compartían el mismo grado para asistir juntas a tal materia, impartida por la “Madre Inés”, una de las monjas y profesoras más antiguas del colegio. Nos expuso una diapositiva en la que se retrataban los cuerpos humanos masculino y femenino desnudos, y nos expresó que el sexo es peligroso, que nos hace tener bebés antes de tiempo y que lo que llamamos c&*!o se llama ano. Y así fueron las otras siguientes clases hasta que luego fueron sustituidas por la gimnasia y los juegos en grupo. Y me tocó, como a toda la clase, a las patadas, aprender lo mucho que la sexualidad tiene por enseñarnos. Hoy escribo sobre el tema, y ojalá les sirva a ustedes (adolescentes), lo que me hubiera gustado que me mencionaran. La sexualidad es un proceso constructivo que dura toda la vida, siempre hay algo para aprender sobre nosotros, sobre nuestros deseos y sobre las otras personas que también están en el proceso de descubrimiento de misterios, que a la edad de ustedes toca empezar a desvelar. El sexo no es solamente el acto de penetrar y venirse, es mucho más, porque con el cuerpo las sensaciones y las emociones se tornan una fuente de comunicación entre lo nuestro y otros cuerpos con sus emociones, historias, miedos y expectativas. Poseemos un cuerpo para sentir placer y empoderarnos, pero también para responsabilizarnos. Cuando vamos aprendiendo a nombrar los genitales como son y no como groserías, cuando vamos descubriendo cada parte que tocamos y que sentimos más o menos placentera, percibimos nuestra individualidad. El sexo es lo que tenemos de biológico más próximo de lo emocional, todo lo que pasa en nuestra sexualidad se refleja en nuestras emociones y a cada experiencia se va construyendo la historia personal de cada uno, es decir, lo aprendido, lo vivido, lo buscado, lo sentido es lo que va dando contorno a la vida sexual de las personas. Se puede decir que es un camino de toma de conciencia y responsabilidad, sea con el propio cuerpo y la salud, o con las otras personas con quienes nos relacionaremos a lo largo de la vida. Educarnos sexualmente es aprender a ver y a respetar a otras personas en sus diferencias y sus creencias. Considero que esta es una de las etapas más enriquecedoras del desarrollo de los seres humanos, en que cada conocimiento adquirido, cada visión amplificada del placer va desarrollando al mismo tiempo la responsabilidad hacia un camino positivo de construcción en la vida. Cuidarse, cuidar a otros, escucharse y tomar decisiones conscientes basadas en lo que se está aprendiendo es lo que permitirá que sigan por la senda que los lleve a disfrutar de una vida adulta en plenitud placentera frente a los crecientes retos inherentes a la madurez. “Se puede decir que es un camino de toma de conciencia y responsabilidad, sea con el propio cuerpo y la salud, o con las otras personas con quienes nos relacionaremos a lo largo de la vida”.

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