236_Coopidrogas Julio 2023

Julio 2023 | 67 Coopidrogas A pesar del ambiente relativamente favorable, Descartes quedó marcado por el famoso episodio que enfrentó a Galileo Galilei con las autoridades inquisitoriales de Roma, y que concluyó con la condena del astrónomo en 1633 por su defensa del heliocentrismo copernicano, opinión científica que Descartes compartía. Ese recuerdo hizo que el filósofo alzara la guardia para nunca más bajarla, lo cual impregnó su producción intelectual con un estilo cauteloso al momento de presentar sus planteamientos. Llegó al punto de renunciar a la publicación en vida de obras de su autoría como el Tratado sobre la luz, que se dio a conocer de manera póstuma. Sus razones para comportase con tanta discreción no eran menores, y el tiempo le daría la razón, pues en 1663, cuando el pensador ya había fallecido, la Iglesia católica catalogó Las pasiones del alma, su última publicación en vida, como parte del Índice de Libros Prohibidos. “El rechazo papal a sus ideas suscitó que, durante un periodo prolongado de la historia de Francia y otros países católicos, fuera considerado un crimen declararse ‘cartesiano’”, agrega el profesor Marante. MUERTE POR CAUSAS DUDOSAS Su fama como pensador pudo más que su estilo comedido, y en 1649 debió ir a Estocolmo bajo la petición de instruir a la reina Cristina de Suecia, viviendo una temporada en una nación que describió como “el país de los osos, donde los pensamientos de los hombres parecen, como el agua, metamorfosearse en hielo”. Fue en la capital sueca, cinco meses después de su llegada, donde Descartes contrajo una neumonía que, según la versión oficial de su biografía, le robó paulatinamente el aliento hasta el último respiro. El 11 de febrero de 1650, a los 53 años, El método CARTESIANO “Cogito ergo sum” (“pienso, luego existo”), aforismo impreso por primera vez en 1637 entre las páginas del Discurso del método, “es considerado el lema que inaugura el racionalismo moderno, una tradición de pensamiento que dio lugar a la reflexión filosófica y científica tal como la conocemos hoy en día”, explica el profesor Rafael Marante. En este tratado, el más recordado del autor, expone las bases del famoso “método cartesiano” al postular la duda, esa que tanto practicó durante su infancia, como base para alcanzar el verdadero conocimiento. La duda, pensaba Descartes, puede penetrar en lo más profundo de los fenómenos del mundo hasta encontrar en sus fundamentos mecanicistas la más sólida de las bases para el saber científico. Llevado hasta sus últimas consecuencias, el método cartesiano cuestiona hasta la propia existencia de quien piensa, corroborando enseguida la certeza de dicha existencia a través del hecho incontrovertible del pensamiento. Precisamente, recalca Marante, “eso es lo que significa el célebre ‘pienso, por consiguiente existo’, según la traducción más acertada de la sentencia cartesiana”. falleció por motivos aún discutidos, ya que una carta secreta firmada, aparentemente, por Johan Van Wullen, el médico que atendió al pensador, describió síntomas como náuseas, vómitos y escalofríos, reacciones que no están precisamente asociadas con la neumonía. Pero el asunto no se quedó en un diagnóstico errado, debido a que el historiador y médico alemán Eike Pies, quien descubrió la carta hacia 1980, hizo examinar las descripciones del médico de la corte sueca por varios patólogos contemporáneos y llegó a la escandalosa conclusión de que René Descartes habría sido envenenado con arsénico, hipótesis presentada al público en el libro El homicidio de Descartes. Hoy, tras haber sido exhumados y trasladados en al menos dos ocasiones, los restos de Descartes reposan en la prestigiosa abadía benedictina de Saint-Germain-des-Prés, pero no así su cráneo, que se encuentra conservado en el Museo del Hombre de París. Foto: INESE.ONLINE Iglesia de Adolf Frederick, en Estocolmo (Suecia). Allí fue enterrado Descartes en 1650 antes de ser trasladado a Francia.

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