Julio 2023 | 65 Coopidrogas René, el tercer hijo del matrimonio acomodado entre Jeanne Brochard y el consejero parlamentario Joachim Descartes, perdió a su madre a los pocos meses de nacido y quedó al cuidado de su padre, su abuela y una nodriza. Esa ausencia materna, sin embargo, no lo retrajo; desde muy temprana edad se distinguió de otros niños por su compulsiva tendencia a preguntar sobre el funcionamiento de las cosas, una cualidad que llevaría a su padre a apodarlo, cariñosamente, su “pequeño filósofo”. Procurando un ambiente favorable para cultivar ese espíritu curioso, en 1604 Joachim matriculó a su hijo en el prestigioso centro de enseñanza jesuita Collège Henri IV de La Flèche, donde René se educaría en latín y griego —las lenguas eruditas de la época— con la lectura de Cicerón, Horacio, Virgilio, Homero, Píndaro, Platón y Aristóteles. Varios de sus instructores supieron reconocer las virtudes intelectuales del niño; no obstante, como adulto, el propio Descartes criticaría la formación escolástica que recibió por considerarla inadecuada para el desarrollo pleno de la razón. A sus 18 años, el joven ingresó a estudiar leyes en la Universidad de Poitiers, disciplina de la que se licenció en 1616, pero que jamás ejerció propiamente como oficio. En lugar de ello, se trasladó a Países Bajos, donde se enroló como ciudad alemana de Ulm en el invierno novembrino de 1619, tres sueños consecutivos vinieron a su conciencia en medio de la noche. En el primero fue visitado por unos espíritus que lo afligieron hasta sacarlo de su habitación a la calle, donde tambaleó empujado por fuertes corrientes de viento que lo direccionaron a las puertas de una iglesia. Ya en el templo, un hombre lo abordó para avisarle que Monsieur N tenía algo para él: se trataba de un melón proveniente de un país extranjero que, al serle entregado, calmó la intensidad de los vientos y lo hizo despertar. De inmediato, el joven soldado se encomendó a la protección de Dios y volvió a dormir. Esta inscripción se encuentra en un azulejo en Entin Square, en la Universidad de Tel Aviv. La frase de Descartes significa ‟Pienso, luego existo”. soldado en las filas de Mauricio de Nassau, primero, y de Maximiliano I de Baviera, después. TRES SUEÑOS PREMONITORIOS Fue en aquella época de servicio militar que el filósofo francés, inspirado en una serie de sueños interpretados por él mismo como “mensajes celestiales”, advirtió “la necesidad de desarrollar una ‘ciencia maravillosa’ que abarcara todo el conocimiento humano basándose exclusivamente en la razón”, como reseña el profesor de filosofía Rafael Marante. Según relató el propio Descartes, durante su estadía en la Una hija tan encubierta COMO EL PADRE En 1640, Descartes sufrió una pérdida que él mismo describió como “la pena más honda” de su vida. Su hija, Francine, de tan solo cinco años de edad, falleció tras contraer una fiebre escarlatina, enfermedad que hoy es fácilmente curable, pero por aquella época germinaba entre los infantes con consecuencias casi siempre fatales. De la pequeña se sabe tan poco como de su madre, Helena Jans van der Strom, a la que Descartes habría conocido cuando la contrató para trabajar como su criada doméstica y de la que no se tiene mayor registro. Foto: VERED BAREQUET
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