Julio 2023 | 61 Este año se cumplirá el aniversario 62 de una festividad tan tradicional como perdurable de la provincia de Vélez (Santander) y una de las más importantes para el patrimonio cultural inmaterial de Colombia. La sede principal del Festival Nacional de la Guabina y el Tiple es el municipio homónimo de Vélez, tierra de raíces indígenas y usanzas campesinas de cuya gente se predica una dulzura solamente comparable con la de su famoso bocadillo veleño. El espectáculo musical, artístico y gastronómico reúne anualmente, durante la primera semana de agosto, a las voces más prodigiosas de las tonadas guabinas —género autóctono de la región Andina—, a los más versados bailarines de torbellino —danza popular de Cundinamarca, Boyacá y Santander—, y a los intérpretes más audaces del tiple —instrumento nacional de Colombia—. Se trata de una tradición intergeneracional que, año tras año y de manera ininterrumpida, ha sido la excusa perfecta para que el espíritu veleño saque a relucir durante siete días continuos sus expresiones folclóricas. Los bordados de innumerables colores, las coplas recitadas y el encanto de la guayaba veleña son solo algunas de las virtudes que se realzan durante estos días festivos. CONSERVACIÓN CULTURAL La cultura veleña está irremediablemente emparentada con la región Andina; no obstante, según lo explica la antropóloga Silvia Rocío Ramírez, “a diferencia de muchas regiones de esta zona, Vélez encierra expresiones culturales propias que le otorgan un papel único en la región. Así, encontramos manifestaciones autóctonas en lo literario (coplas), musical (guabina, torbellino y moño), coreográfico (danza de torbellino) y demosófico (gastronomía, técnica del bordado o artesanías), cuyo reconocimiento nacional le ha valido a Vélez el título de ‘Capital Folclórica de Colombia’”. Este rótulo, cuya fuente más directa es la insistente autodenominación de los propios veleños, encuentra buena parte de su merecimiento en la fama y longevidad de un evento que reivindica las raíces indígenas y campesinas a las que se remonta el folclor del municipio. Desde sus primeras ediciones, y aún en la actualidad, el festival se convirtió en la bisagra de varias expresiones y prácticas culturales que hasta no hace mucho tiempo se desarrollaban de manera desarticulada y esporádica, al punto que, según Ramírez, llegaron a ser consideradas costumbres “en vía de extinción”. Los conjuntos de torbellino, moño y guabina solían tener como principal trasfondo de su arte los entornos privados de reuniones familiares y de amigos, en cuyos círculos cercanos figuraba algún tiplista o bailarín. Reinaldo Atuesta, organizador del festival, aclara: “Las fiestas de Vélez empezaron como un homenaje a la patrona, la Virgen de las Nieves, que se celebra el 4 de agosto”. Eventualmente, por aquellas fechas, “la gente llegaba de los pueblos vecinos para rezar y luego cantar o tocar los instrumentos de la tradición musical, como los torbellinos, los moños y las guabinas, y entre todos compartir comida. Todo eso dio pie para que, a inicios de los años 60, se creara este festival”. LA TRADICIÓN TIENE LA PALABRA Alrededor de 30 diferentes actividades y eventos especiales acabaron integrándose a la fiesta que hoy es motivo de orgullo de los habitantes de la zona. Entre las expresiones más destacables se encuentra, por ejemplo, la Parranda Veleña. Coopidrogas Dulces CREACIONES En la economía de Vélez se destacan las artesanías de las conservas de frutas, el bocadillo veleño envuelto en hoja de bijao y amparado con la ‘denominación de origen’ y dulce estrella de la región, así como el azúcar, las mieles de caña, los lienzos de algodón, las alpargatas, las cabuyas de fique y las cerámicas de arcilla. Desde el siglo XVI, con el crecimiento de la ciudad, se desarrolló un gremio de artesanos, hábiles para el desarrollo de las producciones requeridas en el Nuevo Reino: los maestros azucareros y confiteros que vivían de los cañaduzales. En torno a esos ingenios se estableció el comercio de las pailas de cobre y los cueros, además del tejido de lienzos y los bordados, así como la elaboración de canastos. Cada primer viernes de agosto las calles del municipio se inundan de alegría y tradición con la realización de una exhibición de trajes, sombreros, tiples, requintos y piquetes, la cual disfrutan tanto locales como visitantes. Fotos: ©2023 SHUTTERSTOCKPHOTOS
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