236_Coopidrogas Julio 2023

28 | Julio 2023 COLUMNISTA Coopidrogas Flavia Dos Santos Psicóloga y sexóloga Quizás el más grande deseo de las parejas en su fase de descubrimiento, de enamoramiento profundo, es que la relación sea eterna y que mantenga la chispa intacta. Pero, siendo realistas, podemos estar de acuerdo con el gran poeta brasileño Vinicius de Moraes quien, en uno de sus más célebres poemas predice: “Que sea eterno mientras dure”. Nada en la vida es eterno y, la verdad, por más dura que sea esta, todos vamos a perder en algún momento a alguien o algo que amamos. Es el ciclo natural de la vida en el que absolutamente todo tiene su inicio y su final. El reto, entonces, es qué hacer, o qué no hacer, para que ese “eterno mientras dure” pueda prolongarse. Tomar la decisión de construir un proyecto de vida con otra persona es, innegablemente, placentero y desafiante; además, se puede aprender mucho sobre sí mismo y sobre el otro en esa convivencia y en los eventuales conflictos. La relación de pareja es eso; es decir, no necesitar, pedir, esperar o idealizar, pero sí es estar abierto para aprender y para transformarse día tras día, de acuerdo con esa interacción. Las personas inmaduras para una vida en común constantemente demandan del otro, tanto que son incapaces de asumir la responsabilidad de sus propias necesidades personales y se la pasan culpando al mundo y a la pareja por los fracasos amorosos. Pero aun con todo el deseo de que la relación funcione hay ciertos comportamientos, palabras y conflictos que van quedando sueltos en el aire sin aclararse, y que van disminuyendo la duración de la eternidad que todos quisieran para sus relaciones. Contrario a los que muchos piensan, la falta de sexo o la infidelidad no son los mayores causantes de rompimientos, pero sí lo es el resentimiento… Las microviolencias o, en algunos casos, las violencias que suceden a menudo en las relaciones y que se van normalizando con la excusa de que a ratos se habla feo, se ofende o se critica al otro, pero “fue sin intención” o porque la personalidad y, a veces, las presiones de la vida hacen que uno pierda el cuidado y, sobre todo, el respeto a la pareja. Eso jamás debe ser dejado de lado o ignorado. Lo que duele, lo que genera miedo o lo que hace callar debe ser inmediatamente dicho, discutido o aclarado, ya que las palabras y los dolores sofocados se tornan en resentimientos y rabia, y de ahí viene el fin de las relaciones; por todo eso que durante mucho tiempo se quedó guardado adentro secando el amor como una rosa que va perdiendo su olor, su brillo y, finalmente, sus pétalos. Una vez acabado el amor por el dolor del resentimiento no hay cómo revivirlo ni reinventarlo. Por último, las relaciones también están hechas de conversaciones desa- gradables y dolorosas, pero solamente así es posible hacer durar esa eternidad soñada en el principio del amor por tiempos tan largos que, en ciertos casos, sean más eternos de lo que duren. “Tomar la decisión de construir un proyecto de vida con otra persona es, innegablemente, placentero y desafiante…”. Lo que acaba con los matrimonios

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