Con la asesoría de Álvaro Arenas, MD Cardiólogo pediatra y electrofisiólogo de la Fundación Cardioinfantil Un dato dejó sorprendidos a médicos de Nueva Jersey (Estados Unidos) luego de investigar las causas por las cuales algunos menores con problemas del corazón crecían a menor ritmo que otros niños sanos: la culpa no era del defecto cardíaco, sino de lo que comían en exceso o no comían. Es decir, de sus hábitos alimenticios en particular y de otros como el sedentarismo. Los resultados de la investigación, publicada en la edición de mayo de 2013 de la revista médica The Lancet, revelan además que la mayoría de los padres de familia que tienen hijos con cardiopatías congénitas tienden a restringirles alimentos y a hacerlos más sedentarios. Esto, según los papás, porque temen un aumento exagerado de peso en el menor o quieren evitar que el ejercicio excesivo afecte el funcionamiento de su corazón.Esta investigación se centró en aquellos menores con cardiopatías congénitas, es decir, con malformaciones del corazón presentes desde el nacimiento. Conforme con lo que explica el doctor Álvaro Arenas, médico pediatra especializado en cardiología y electrofisiología, estas ocurren durante el proceso de embriogénesis (formación del embrión) y la mayoría de ellas pueden diagnosticarse desde la etapa fetal con un adecuado control prenatal. Incidencia de entre 4 y 12 por 1.000 recién nacidos vivos, según distintos Alimentación balanceada, actividad física y control con especialista son las claves para que los niños con cardiopatías congénitas puedan llevar una vida normal y lleguen a ser adultos saludables. Estudios demuestran que en muchas ocasiones son los malos hábitos y no la enfermedad en sí los causantes del deterioro en los menores. autores e investigaciones. Por ejemplo, y según el artículo “The incidence of congenital heart disease” (La incidencia de la enfermedad congénita) publicado en The Journal of the American College of Cardiology, “la incidencia de las formas moderadas y graves de las enfermedades del corazón es de aproximadamente 6 por cada 1.000 nacidos vivos” y adicionalmente agrega que “no hay evidencia de las diferencias en la incidencia en diferentes países o tiempos”.1 AL FONDO DEL 1. Hoffman JI, Kaplan S. “The incidence of congenital heart disease”. J Am Coll Cardiol. 2002 Jun 19;39(12):1890-900. CORAZÓN ENFERMO Si bien las cardiopatías congénitas son variadas, el especialista explica que entre las más comunes se encuentran el ductus arterioso persistente, la comunicación interventricular y la comunicación interauricular. La primera, es decir el ductus arterioso, es un pequeño vaso que comunica la aorta con la arteria pulmonar, el cual está abierto en el feto, pero se cierra justo después del nacimiento. La persistencia de este conducto ocasiona un cortocircuito entre la arteria aorta con sangre oxigenada y la arteria pulmonar con sangre desoxigenada, lo que al final produce que el corazón mande a todo el organismo corporal sangre con menos oxígeno del normal. La comunicación interventricular (CIV), entretanto, se refiere a uno o más orificios en la pared que separa los ventrículos izquierdo y derecho del corazón; finalmente, está la comunicación interauricular (CIA): un orificio en la pared que separa las aurículas izquierda y derecha del corazón. También están otras cardiopatías congénitas menos frecuentes pero que revisten mayor gravedad, como la Tetralogía de Falott, que es la combinación de cuatro malformaciones congénitas del corazón, Se estima que las anomalías congénitas tienen incidencia de entre 4 y 12 casos por 1.000 nacidos vivos. Julio de 2014 | 13
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