58 | Febrero 2026 CULTURA forma de arco, enmarcadas por dos columnas cuadradas. Se distingue de las demás por las figuras humanas talladas que la ornamentan. El segundo cuerpo tiene dos niveles y ventanas rectangulares, y el edificio culmina con una tercera unidad que completa su composición arquitectónica. Adicionalmente, en su parte superior se pueden ver dos esculturas alegóricas, que complementan la narrativa de la paz y el trabajo, realizadas por Félix María Otálora entre 1930 y 1933. Elaboradas en concreto armado —un material asociado a la modernidad—, estas figuras coronan los frontones como emblemas del proyecto político que las originó: una ciudad que aspiraba a construir progreso bajo la promesa de armonía social. “Hoy, estas piezas son algo más que vestigios ornamentales, son claves para entender cómo el poder se representó en la arquitectura y cómo el patrimonio nos interpela sobre los discursos que heredamos”, según el Instituto Distrital de Patrimonio Cultural (IDPC). El Palacio de San Francisco ha tenido múltiples usos y propietarios que reflejan los cambios políticos, sociales y culturales de la ciudad. Su historia no solo habla de arquitectura y patrimonio, sino también de las transformaciones institucionales que han marcado el corazón de Bogotá. Declarado monumento nacional en 1984 (actualmente concebido como Bien de Interés Cultural Nacional), fue la antigua sede de la Gobernación de Cundinamarca y también fue prestado al Colegio Mayor de la Universidad del Rosario. Y hasta noviembre del 2025 se convirtió en la sede principal de la Bienal Internacional de Arte y Ciudad BOG25. respecto, Diego Parra, director del IDPC, dijo en su momento: “Intervenir el Palacio de San Francisco no es solo una tarea técnica: es un compromiso con la historia y con la ciudad que queremos proyectar. Cada piedra y cada escultura forman parte de un relato que debemos preservar sin congelarlo. Restaurar su fachada significa garantizar que este Bien de Interés Cultural mantenga su autenticidad y siga dialogando con la vida contemporánea. Coincidir con la Bienal Internacional de Arte y Ciudad BOG25 refuerza ese propósito: mostrar que el patrimonio es una plataforma para la creatividad, no un vestigio inmóvil”. Es importante tener en cuenta que la fachada y las paredes de esta edificación enfrentaban riesgos más allá de la superficie. Sobre el frente se extendía una capa verde producto de la colonización biológica, y costras negras a causa de la lluvia; los grafitis penetraron la piedra y alteraron su composición. A ello se sumaban manchas químicas, huellas del uso inadecuado de los espacios inferiores como puntos sanitarios y de acumulación de basuras, así RECUPERACIÓN PARA SEGUIR BRILLANDO Precisamente para dar paso a esta bienal, este icónico inmueble fue objeto de una restauración por parte del IDPC, en articulación con la Gobernación de Cundinamarca. Al La RECUPERACIÓN del inmueble siguió criterios de mínima INTERVENCIÓN. Foto: CORTESÍA GOBERNACIÓN DE CUNDINAMARCA Foto: CORTESÍA GOBERNACIÓN DE CUNDINAMARCA
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