revista-diciembre-2025

Marzo 2021 | 49 para identificar, expresar y manejar adecuadamente las emociones, y mejorar la relación con los miembros de la familia. “Parte de habilidades que todos podemos aprender y desarrollar por medio de la práctica continua, sistemática y sostenida, ya que no están condicionadas ni limitadas por factores cronológicos, de género o de capacidad intelectual. Implica esfuerzo, compromiso y una visión a largo plazo, pues algunas tienen resultados inmediatos y otras no”. Y adiciona que la posibilidad de mejorar la autoconfianza, la empatía, la perseverancia, la autoconciencia, el autocontrol o la autodisciplina es infinita. “Todos tenemos la capacidad de resolver conflictos, aceptar la diferencia, ponernos en el lugar del otro, ser empáticos y vivir en armonía”. Y es que las emociones forman parte de las personas desde el nacimiento y el modo de entenderlas, identificarlas y expresarlas, así como de comprender las ajenas, está ligado a la educación emocional dada en el ámbito familiar. “Educar con inteligencia supone prestar atención a las emociones de los hijos y dar respuesta a sus necesidades, pero, por otro lado, significa hacer lo mismo con las propias”. La inteligencia familiar es también una condición esencial para transformar las situaciones que provocan tensión, estrés e insatisfacción, y resolver de manera positiva y funcional las dificultades que se presentan en la convivencia. Reúne las habilidades para sortear los problemas en diferentes instancias de la cotidianidad, por ejemplo, para aceptar la diferencia, controlar la ira o hacer una crítica. Lo cierto es que en cualquier ámbito las emociones son influenciables por la experiencia, es decir, se pueden desarrollar y fortalecer mediante la práctica. Basta con tomar la decisión de aprender a manejarlas sin importar el momento de la vida. Coopidrogas Marzo 2021 | 1

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