46 | Febrero 2026 FAMILIA Inteligencia emocional y familiar Siempre hay tiempo para aprender Los componentes clave para tener inteligencia emocional en cualquier espacio de la vida y mucho más en el familiar son el autoconocimiento y la aceptación de la diferencia. Solo así se podrá vivir en un ambiente de apoyo, respeto y comunicación saludable, y tener una buena convivencia. Desde 1995, cuando el psicólogo y escritor estadounidense Daniel Goleman publicó su exitoso libro La inteligencia emocional, este es un tema que se aborda en todos los ambientes, incluso el familiar. Este experto de la Universidad de Harvard planteó cómo el conocimiento, desarrollo y manejo de las emociones propias tiene un gran impacto en la vida, y al enseñar a las personas a sintonizarlas de manera inteligente y ampliar su círculo de afecto se marca una diferencia para bien en el mundo. Las emociones influyen de modo decisivo y trascendente en la vida y en las relaciones. Por eso, manejarlas con inteligencia es clave para tener no solo lazos saludables con los demás, sino también salud mental. El psicólogo Adrián Triglia, director de Psicología y Mente, afirma que la inteligencia emocional ayuda a las personas porque mejora el autoconocimiento, la toma de decisiones, el rendimiento; protege y evita el estrés y el nerviosismo; favorece las relaciones interpersonales, la empatía y el desarrollo personal; otorga capacidad de influencia y liderazgo, bienestar psicológico y equilibrio emocional; aumenta la motivación, ayuda a alcanzar metas y disminuye la ansiedad y la tristeza. Con todas esas ventajas es una cualidad fundamental. Y lo mejor es que se puede aprender. Pero ¿qué es inteligencia emocional? Para el coach Daniel Colombo, es “la habilidad que tenemos de gestionar adecuadamente nuestras emociones, así no se puedan controlar. Y esta parte sí se entrena por medio de habilidades como la autoconciencia, la autorregulación, la motivación, la empatía y las habilidades sociales”. Alguna de esas habilidades pertenecen al mundo interno, que vale la pena analizar para entender las emociones de los demás, ponerse en su lugar y comunicar de forma asertiva, abierta y honesta sin agredir, con autorregulación. “Las familias que trabajan en la inteligencia emocional hacen del afecto lo más importante y se conectan.
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