revista-diciembre-2025

Febrero 2026 | 43 Coopidrogas Lara, jefes de servicio de Neurología y Psicología Clínica del Hospital Quirónsalud Córdoba y del Centro Médico de Jaén (España), respectivamente, “la lectura habitual no solo estimula funciones cognitivas esenciales como la atención, la memoria o la concentración, sino que también protege la salud mental a largo plazo, mejora la calidad del sueño y refuerza la resiliencia emocional, esto es, la capacidad para adaptarse a situaciones estresantes y a los altibajos propios de la vida cotidiana”. Lara agrega que “leer es una de las actividades más completas para el cerebro, ya que involucra redes neuronales complejas que, con la práctica sostenida, favore- cen la plasticidad cerebral. Esto permite una mayor adaptación a los cambios, mejor manejo de situaciones complejas y una respuesta emocional más equilibrada”. Eso sin contar que “esta actividad antes de dormir se ha asociado a una mejora en la calidad del sueño, al facilitar la desconexión digital”. El psicólogo Andrés Gómez indica que al leer se activan procesos cognitivos que interpretan signos, se aprende vocabulario, se generan esquemas de conocimiento y se producen emociones. Asimismo, favorece la salud mental por medio de la emoción, la empatía y la reflexión crítica. Al entrar en las vivencias de otros, conectamos con sus emociones, lo que incrementa la empatía. También es un instrumento que ofrece un escape saludable de la realidad y herramientas para entender el mundo. Con el libro adecuado una persona nunca se sentirá sola. En ese sentido, para Lara, “cada persona encuentra en la lectura un espacio para el autoconocimiento y la regulación emocional. No se trata solo de hacerlo para Leer INVOLUCRA redes neuronales complejas que FAVORECEN la plasticidad CEREBRAL. aprender, sino también para sentirse acompañado, comprender la interioridad y encontrar referentes positivos, algo especialmente valioso en momentos de incertidumbre o vulnerabilidad emocional. Un buen libro puede convertirse en una opción terapéutica”. Por su parte, el neurólogo Orozco define la lectura como “la capacidad de crear una representación abstracta de palabras escritas y conectarla con áreas cerebrales que codifican el significado, es una invención humana que data de hace aproximadamente 5.000 años, y que, infortunadamente, está siendo eclipsada por una mucho más reciente, los dispositivos electrónicos”. Orozco recomienda fomentar este hábito desde la niñez para que perdure para toda la vida. “Los estudios científicos han demostrado que los niños que dedican más tiempo a los libros tradicionales fortalecen el lenguaje, las funciones ejecutivas (habilidades cognitivas) y el rendimiento académico”, destaca. Igualmente, se estimula la actividad cerebral, ya que mantiene el cerebro dinámico, activa neurotransmisores directamente relacionados con la salud emocional y el estado de ánimo, como la serotonina y la dopamina, por eso, combate el estrés y la ansiedad. Los expertos sostienen que actividades como leer o escribir estimulan la mente, sin importar la edad, protegen la memoria y las habilidades de pensamiento. De ahí que quienes lo vuelven un hábito, así como el de resolver pasatiempos desafiantes (crucigramas, sudokus, sopas de letras) tienen menor deterioro de la memoria en un futuro. Es lo que se conoce como reserva cognitiva, que “permite mantener y desarrollar conexiones entre las células cerebrales, y más adelante, a lo largo de la vida, estas ayudan a compensar el deterioro cognitivo asociado a la vejez y el causado por procesos neurodegenerativos primarios como la enfermedad de Alzheimer”, dice el experto.

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