16 | Febrero 2026 PORTADA interpretado como una mezcla entre realidad y sueño, explica el abogado e investigador cultural Tomás Darío Gutiérrez Hinojosa. “Para los antiguos griegos, las sirenas eran criaturas creadas por la imaginación, símbolos del misterio del mar. Sin embargo, algunos estudios sugieren que pudieron originarse a partir de la interpretación de sonidos desconocidos, como los cantos de ciertas ballenas o los lamentos del viento sobre las olas. Aquello que el ser humano no comprendía, lo explicaba de forma mágica o poética. Así, estas musas nacieron como una respuesta imaginativa ante lo inconcebible, un eco del deseo eterno de dar sentido a los misterios del océano”, indica Gutiérrez Hinojosa. Colombia no ha sido ajena a estas fábulas, pues precisamente en Valledupar (capital del Cesar), de donde es oriundo Gutiérrez Hinojosa, hay una leyenda con la sirena del balneario Hurtado, en el río Guatapurí. atrae a propios y extraños para ver si pueden escuchar su fascinante sonido y, por qué no, ver el aletear de su cola. “Eso hace parte del realismo mágico, que caracterizó al Nobel de Literatura Gabriel García Márquez, y la historia cuenta que un Jueves Santo, una joven llamada Rosa, habitante del barrio Cañaguate, desobedeció las advertencias de su madre y fue a bañarse al río Guatapurí. En aquella época, nadar en un día sagrado era considerado un pecado, pero ella desafió la tradición. Saltó desde una gran piedra en el balneario Hurtado y se sumergió en las aguas; al intentar salir, descubrió horrorizada que se había transformado en una ninfa marina”, relata Gutiérrez. Y agrega: muchos creyeron que la joven había muerto ahogada, pero al amanecer del Viernes Santo su figura reapareció sobre la misma roca desde la que se lanzó. A partir de entonces, cuentan que solo se deja ver los jueves en la noche y que hechiza a los hombres con su canto. Su imagen se convirtió en símbolo del Valle de Upar y hoy está representada en la escultura que adorna el río Guatapurí. Todas estas historias que entremezclan la realidad con la fantasía son características de nuestro pueblo que cree en ello. Por ejemplo, en el Cesar existen las leyendas de la Llorona, el peje Nicolás, que es una especie de hombre pescado, el sigurcito, “pero nunca a otro mito se le dio tanta abnegación y fe como a la sirena de Hurtado. Yo, personalmente, cuando niño, vi al pueblo entero marchar los jueves santos hacia el balneario Hurtado para ir a ver a la sirena, todo el mundo iba a buscarla y muchos regresaban diciendo que la habían visto”, recuerda Gutiérrez. Así, desde las frías aguas del Báltico hasta los ríos cálidos de América Latina, la figura de la sirena ha trascendido fronteras y culturas. En Copenhague, la estatua de La sirenita, Para el investigador cultural, la tradición oral de la única sirena de agua dulce no es más que la memoria de una joven desafiante cuyo acto de desobediencia la condenó —o la elevó— a una transformación maravillosa. Hoy su imponente estatua dorada, que cumple 31 años, El actor mexicano Mario Moreno construyó una casa en Acapulco en honor a las sirenas. Escultura en el paseo marítimo de Langelinie, en la bahía del puerto de Copenhague (Dinamarca). Foto: ANDREI NEKRASSOV Foto: NEFTALI
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