14 | Febrero 2026 PORTADA El mito de las sirenas: entre la fascinación y la leyenda En la mitología griega, las sirenas son criaturas mitad mujer y mitad pez. Aunque sus orígenes son difusos, se les asocia con el poder de atraer a los marineros mediante sus cantos hipnóticos. A lo largo del tiempo, películas y canciones se han inspirado en estos seres, que hoy forman parte de la imaginación y las leyendas de diversas culturas. Aparecen en templos griegos, vitrales medievales, lienzos renacentistas, en la pantalla grande de Hollywood, en canciones infantiles e incluso en estatuas en diferentes lugares del mundo, entre ellas la ciudad de Copenhague (Dinamarca). Las ninfas marinas han sobrevivido al paso del tiempo, transformándose con cada cultura. Pero, más allá de su apariencia o de su canto, su relato mítico revela algo más profundo: el eterno deseo humano de comprender lo desconocido que habita en el mar. Antes de convertirse en símbolos de encanto y belleza marina, las hijas del mar fueron seres temidos por los antiguos griegos. Su historia se remonta a los poemas de Homero, el poeta de la Antigüedad autor de La Ilíada y La Odisea. Allí no eran mujeres con cola de pez, sino criaturas mitad mujer y mitad ave, cuyo canto irresistible llevaba a los marineros a la perdición. Representaban la tentación, el peligro del conocimiento y el llamado del mar: ese territotiano del pecado y la seducción. Desde entonces, dichas criaturas han habitado pinturas, vitrales, canciones y películas, adaptándose a cada época sin perder su poder simbólico (ver recuadro). Estas figuras míticas llevan a historias de la imaginación y la fantasía de los pueblos. Por ejemplo, hay una leyenda sobre la obsesión del famoso actor mexicano Cantinflas (Mario Moreno era su nombre de pila), de quien se cree hizo una casa en honor a estas fascinantes criaturas. De acuerdo con el portal mexicano Cultura Colectiva, Cantinflas compró su lujosa mansión en 1951, la cual está ubicada en Las Brisas en Acapulco. Allí, el actor mandó a poner una estatua gigante de él mismo junto al mar y la de una sirena, debido a que le recomendaron eso para que las deidades marinas pudieran conocerlo y enamorarse de él. “Según información, la propiedad que compró Cantinflas era conocida entre los políticos y personas de la alta esfera de rio incierto que separaba lo conocido de lo desconocido. Con el tiempo, la figura de la sirena viajó y se transformó. En la Edad Media, su imagen cambió: las alas se convirtieron en escamas y la creencia adquirió un carácter más sensual, acorde con el imaginario crisPoeta griego Homero.
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