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Febrero 2025 | 65 Coopidrogas Tal vez haya visto en las calles anuncios con la promesa de que el doctor José Gregorio Hernández puede curar cualquier enfermedad o padecimiento, a pesar de que murió hace más de 100 años. Pues es tal su reconocimiento que muchos se aprovechan de su nombre para atraer clientes y creyentes. Y no es para menos, Hernández, reverenciado como un santo por millones de personas, nació el 26 de octubre de 1864 en Isnotú, un pequeño pueblo del Estado Trujillo (Venezuela). Su vida, marcada por la devoción al servicio de los demás, el amor por la ciencia y la fe inquebrantable en Dios ha dejado una huella imborrable en la historia de su país. Su origen viene de una familia humilde, pero profundamente religiosa. Su madre, Manuela Antonia Sánchez, lo crio con un amor y una dedicación que serían fundamentales para su vida. Desde pequeño mostró una sensibilidad especial por el sufrimiento humano, algo que más tarde marcaría su carrera profesional y su destino. A los 7 años, José Gregorio se trasladó con su familia a Mérida, donde comenzó su educación primaria. Ya desde sus primeros años en la escuela se destacó por su inteligencia, y su dedicación a los estudios fue evidente. En el Colegio San Buenaventura de Mérida demostró gran interés por las ciencias y las matemáticas, que serían la antesala de su carrera en la medicina. SU PASO POR LA ACADEMIA Su destino estaba ya marcado cuando, a los 16 años, se trasladó a Caracas para estudiar en la Universidad Central de Venezuela (UCV). Este paso fue determinante, pues este lugar representaba una de las instituciones educativas más prestigiosas del país y un semillero de futuros médicos. La familia Hernández, de escasos recursos, sacrificó muchas cosas para que su hijo pudiera estudiar, y José Gregorio no los defraudó. En la UCV empezó a estudiar la carrera de Medicina, que se convirtió en su verdadera vocación. Durante sus años universitarios conoció a destacados profesores y médicos que influyeron en su carrera. Su naturaleza introspectiva y su afán de saber lo llevaron a cuestionar y analizar profundamente los avances científicos y médicos de la época. En 1888, a los 24 años, José Gregorio Hernández obtuvo su título de médico cirujano, un logro que no solo representaba un hito en su vida personal, sino también un paso hacia un futuro brillante en el ámbito de la salud. Aunque joven, su formación fue profunda y abarcó tanto los conocimientos de la medicina convencional como una aproximación al estudio de enfermedades tropicales y epidemiológicas, que eran muy relevantes en Venezuela en esa época. VIAJE TRASCENDENTAL Sus ansias de conocimiento lo llevaron a viajar a Europa en 1891 para continuar sus estudios. Este acontecimiento marcó un antes y un después en su carrera, puesto que fue una época de inmersión en los avances más modernos de la medicina. Gracias a una beca se instaló en París, donde tuvo acceso a las enseñanzas de renombrados científicos y médicos. Uno de los encuentros más significativos fue con Louis Pasteur, el fundador de la teoría germinal de las enfermedades, lo que influyó enormemente en Hernández, ya que la microbiología y la bacteriología le ofrecieron nuevas perspectivas sobre la medicina. En París también estudió la anatomía, la fisiología y la farmacología más avanzadas. Fue durante estos años cuando Hernández profundizó en su vocación religiosa, buscando maneras de integrar la ciencia con la espiritualidad. El contraste entre los avances científicos y el contexto religioso europeo le permitió comprender que la medicina no solo era curativa, sino que también era una forma de servicio a Dios y a la humanidad. Su creciente espiritualidad comenzó a influir en su vida profesional y Foto: AMNAT30 Hernández estudió varias ENFERMEDADES tropicales y epidemiológicas de su PAÍS. Trujillo (Venezuela).

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