Febrero 2025 | 55 COLUMNISTA Coopidrogas Flavia Dos Santos Psicóloga y sexóloga La química del amor Referirse al amor como una química, a pesar de que muchas veces no percibimos que no es una fórmula, se torna en una expresión que utilizamos a menudo y que la tomamos como gran verdad. El famoso psicoanalista Carl Jung decía que el encuentro de dos personalidades se parece al contacto de dos sustancias químicas, es decir, si alguna reacción ocurre, ambas sufren una transformación… Pero ¿será que en realidad podemos asumir que el amor es simplemente el resultado de un coctel de elementos químicos que contienen nuestras hormonas, y por cuenta de eso reaccionan de forma explosiva como una bomba de nitroglicerina, y nada más podría interferir en ese proceso químico ocasional? Tengo mis dudas… El amor es el reverso de la química, pues es un proceso elaborado que requiere tiempo para crecer, para descubrirse y para madurar. La química, como sabemos, es líquida, se evapora, y el problema es que seguimos pensando que somos víctimas eternas de las hormonas, estamos manteniendo el famoso mito del amor romántico en que todo es siempre muy idealizado y poco real. Obviamente que el cuerpo sí responde a las emociones, ya que somos un sistema completo y complejo en el que se liberan sustancias de acuerdo con los afectos que experimentamos, pero hay que ser realistas y aceptar que no hay una fórmula química ni droga, ni una magia cualquiera que pueda manipular el amor. La narrativa, las experiencias pasadas y el aprendizaje individual siempre van a estar presentes. O sea, el amor depende mucho de lo racional para que realmente suceda, aunque los cuentos de hadas, las canciones y la industria del cine traten de convencernos de lo contrario. Puede parecer dura y para nada romántica esa realidad acerca de eso que llamamos amor, pero tal vez si pudiéramos poner la racionalidad para equilibrar ese famoso coctel hormonal, muchas desilusiones y dolores podrían ser evitados… Amar es un hacer, o más que eso, amar es un verbo que se practica todos los días, aprendiendo, ensayando, errando, sintiendo constantemente y teniendo los cuidados necesarios para no dejar que se vuelva otra química más de la vida, esto es, otro vínculo superficial cotidiano y que poco deja de espacio para el aprendizaje, tal como una relación entre tantas otras que tenemos a lo largo de nuestras vidas y que, esas sí, podemos decir que son líquidas, dado que rápidamente se evaporan y que no dejan recuerdos, solamente fórmulas y más formulas escritas en papeles sueltos. Por último, mi invitación para este año 2025 que apenas empieza es dejar de lado esa visión romantizada del amor y traer a la realidad lo que verdaderamente nos conviene, qué nos hace bien y qué relación queremos tener, es decir, hacer posible ese amor, si nos conviene, y no esperar que sea el resultado de algún proceso mágico que llegó a nuestras vidas. “El amor es el reverso de la química, pues es un proceso elaborado que requiere tiempo para crecer, para descubrirse y para madurar”.
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