Coopidrogas-febrero-2024

Febrero 2024 | 49 Coopidrogas Las cifras lo dicen: en el 2020, la Cámara Colombiana del Libro estimó que un colombiano lee 2,7 libros al año. Y las razones van desde que no se ha consolidado una cultura en torno a la lectura y a los beneficios que esta trae en el desarrollo integral de la gente, el costo de los libros hasta el ámbito en el que las personas se desenvuelven, de acuerdo con el artículo ¿Qué Tanto Leen los Colombianos?, de la Universidad del Rosario (abril del 2023). A esos factores se suma la proliferación de plataformas y de aplicaciones digitales que forman parte del entretenimiento desde edades tempranas, lo cual ha llevado a la lectura a un segundo plano, que implica un mayor esfuerzo mental. Asimismo, según la médica Gabriela Gómez, “las redes sociales activan el sistema dopaminérgico. La dopamina es un neurotransmisor que participa en múltiples funciones como aprendizaje, memoria, motivación, sensaciones placenteras, estado de ánimo y atención, entre otras. Cuando recibimos una notificación, vemos un video o compartimos contenido, el cerebro produce un ‘golpe’ de este neurotransmisor generando una sensación de satisfacción y placer, que al tener una retroalimentación positiva termina creando un círculo vicioso por lo que constantemente se están revisando las cuentas”. En ese sentido, la psicóloga clínica Beatriz Parra, experta en aprendizaje, afirma que en su consulta es frecuente encontrar universitarios de semestres avanzados que no entienden lo que leen. “Aunque tienen la capacidad, no saben leer o lo hacen de manera mecánica y todo esto viene de atrás: los niños ya no salen a jugar y, fuera de eso, la pandemia dejó atrasos en el desarrollo pedagógico. Eso sin contar con que preadolescentes y adolescentes son adictos al celular y con las tecnologías de la información y las comunicaciones viene la pereza hacia la lectura física”, comenta. Y recuerda que anteriormente los estudiantes leían, iban a las bibliotecas a investigar: “Los regalos eran libros de cuentos, una costumbre que se ha ido perdiendo, y si a eso se agrega que no hay un modelo de lectores en casa, pues la actitud es de pereza hacia este hábito. Esto sumado a que algunos colegios hacen todo durante la jornada escolar y no les dejan tareas de investigación y, en ocasiones, muchos hasta pagan para que se las hagan sus compañeros”, dice Parra. En otros casos, ni siquiera los profesores son lectores; así es muy complicado que puedan transmitir un hábito que no los define. Esta, por tanto, debería ser una exigencia al momento de aplicar para esos cargos en los colegios, independientemente de la asignatura que Fotos e ilustraciones: ©2024 SHUTTERSTOCKPHOTOS La tecnología ha desplazado a la lectura y, con la tendencia al consumo rápido de información, los mensajes cortos hacen parte del diario vivir. Como consecuencias están la pérdida de interés y de concentración para leer textos largos, lo que se traduce en dificultad para comprenderlos, en especial, entre las nuevas generaciones. ¿Qué hacer? Los HÁBITOS de la lectura se TRANSMITEN con el ejemplo BRINDADO por los padres o los DOCENTES.

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