Coopidrogas-febrero-2024

Febrero 2024 | 25 COLUMNISTA Coopidrogas Flavia Dos Santos Psicóloga y sexóloga No es mi culpa La vida en pareja es un camino de muchos descubrimientos y aprendizajes, pero también de crisis. Y para muchos, esa palabra asusta cuando en realidad deberíamos ver la crisis como algo comparable a un diamante, es decir, sin atritos el diamante jamás brillará. Así es en las relaciones de pareja: sin atritos una pareja nunca podrá sentir verdaderamente la construcción de espacios de respeto, límites y cambios. Pero el atrito de los diamantes es necesario y provocado y, en las relaciones, por ese miedo de no saber cómo manejarlas, se tornan fuente de culpabilización del otro. La mayoría de las veces, “la crisis ha sido por culpa del otro”, argumento que adquiere más fuerza cuando cada una de las partes encuentra apoyo en las conversaciones con los amigos y familiares. Cada persona cercana es capaz de ver y también concordar que la otra parte fue culpable. Obviamente, existen situaciones en las que una de las partes ha sido desleal, desconsiderada, quizás violenta o suele ser una persona difícil, pero en nuestra sociedad, desde muy temprano, se aprende a buscar culpables afuera evitando mirar hacia adentro. Algunos padres ofrecen disculpas a un hijo y suelen acompañar ese pedido con la frase: “pero tú también has…”; o cuando en la escuela la responsabilidad es del profesor que no explica bien o no es justo; o cuando el atraso de llegar a un compromiso se debe al trancón, a un fallo del bus; o en tantas peleas callejeras en las que “el otro me provocó”. También la culpa es del Gobierno que debe hacer todo o de “Mercurio retrógrado” por provocar sentimientos paralizantes; del vecino que no le gusta la misma música que se escucha alto en la casa… en fin, vamos por la vida aprendiendo a encontrar culpables por absolutamente todo lo que nos pasa y por cómo nos sentimos, actuamos y vivimos, y así se llega al matrimonio. Dos personas que se unen a costa de buscar culpables ajenos a sus propias crisis de relacionamiento. Enfrentar un conflicto, aprender a escuchar y, sobre todo, mirar hacia adentro de sí mismo constatando los propios pensamientos y emociones, no solo es difícil porque implica repensarse y asumir responsabilidades y decisiones con la propia vida, sino que también es doloroso. Aceptar que siempre damos relevancia, sea consciente o inconscientemente, a los errores que se cometen, depende de reflexiones internas para llegar a un cambio necesario de proceder para lograr armonía en las relaciones, en general, y en la pareja, particularmente. El matrimonio pasa por esos momentos de desencuentro por las más distintas razones, y solo puede fortalecerse e ir transformándose en un diamante sólido y brillante si cada parte es capaz de hacer ese aprendizaje de no apuntar el dedo y culpar, sino de buscar con la palabra, el pensamiento y la escucha un punto en común, un camino que sea construido por las dos partes, pero que no venga desprovisto de responsabilidades individuales, de madurez para conocerse. Se requiere, por tanto, asumir las propias decisiones y ser consciente de las consecuencias de estas. En conclusión, antes de culpar al mundo y también a la pareja, pensemos en cuánto tenemos de responsabilidad en el desorden en el que estamos y en lo que se puede hacer para encontrar una solución que sea respetuosa para sí mismo y también para el otro. Eso es un aspecto necesario y fundamental en la construcción de una relación de pareja sólida y gratificante. “Enfrentar un conflicto, aprender a escuchar y, sobre todo, mirar hacia adentro de sí mismo constatando los propios pensamientos y emociones, no solo es difícil porque implica repensarse y asumir responsabilidades y decisiones con la propia vida, sino que también es doloroso”.

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