Diciembre 2025 | 67 Coopidrogas Quino siempre negó haber creado a Mafalda como un personaje político. “No quería hacer una niña que opinara de política, sino una criatura que se hiciera preguntas sobre el mundo en que vivía”, dijo en una entrevista con El País (2004). Sin embargo, esos interrogantes se convirtieron en bombas para la época: cuestionaban el autoritarismo, el machismo, el consumismo y la guerra. “Lo que hizo Quino fue un acto de genialidad: poner en boca de una niña las preguntas que los adultos no se atrevían a hacer”, explica el sociólogo Alejandro Forero. “Mafalda no era un personaje tierno: era una conciencia social en miniatura”. Forero sostiene que la clave estaba en su aparente inocencia. “Ella no juzgaba: preguntaba. Y esas preguntas simples derrumbaban la comodidad del lector. Por qué hay guerra, por qué las mujeres deben quedarse en casa, por qué el mundo está tan mal si todos quieren que esté bien. Esa es la magia del humor de Quino: hacernos pensar sin perder la sonrisa”. LA FAMILIA Y LOS AMIGOS: UN ESPEJO DE LA SOCIEDAD El universo de Mafalda gira en torno a una pequeña comunidad que parece un reflejo en miniatura del mundo. Sus padres son el retrato de la clase media argentina de los años 60. Su madre, Raquel, es ama de casa, una mujer que abandonó sus estudios para casarse y cuidar del hogar. Mafalda, con su instinto crítico, la intodos los tiempos: ¿qué es la felicidad?, ¿por qué hay gente pobre, mamá?, ¿cuándo empieza la justicia? LA FAMA Y EL ADIÓS A mediados de los años 70, Mafalda ya era un fenómeno mundial. Sus tiras se publicaban en más de 30 países, traducidas a idiomas como el italiano, el francés, el hebreo y el japonés. En Europa, donde los regímenes autoritarios aún dejaban cicatrices, su figura se volvió símbolo de libertad y conciencia social. Pero mientras la fama crecía, Quino empezaba a sentir el peso de su propia creación. Las tiras, que alguna vez nacieron del entusiasmo y la ironía, comenzaron a volverse una carga. Él mismo admitió años después que Mafalda le exigía demasiado. En entrevistas con medios como Página/12 y El País, explicó que decidió dejar de dibujarla cuando sintió que ya se estaba repitiendo. La última viñeta la hizo el 25 de junio de 1973: Mafalda mirando un globo terráqueo, con la misma preocupación que en la primera. El mundo no quería despedirse de ella. Las reediciones se multiplicaron, llegaron los libros, las películas animadas y las estatuas. En Buenos Aires, una escultura de Mafalda en el barrio de San Telmo se convirtió en lugar de peregrinación, un rincón donde los visitantes todavía le hablan en voz baja, como si esperaran una respuesta. Quino, discreto y reacio a la fama, siguió dibujando otras cosas, pero nunca más a Mafalda. Aun así, el personaje lo acompañó hasta el final. Cuando el dibujante murió en el 2020, el mundo entero volvió a mirar a esa niña sabia que le hablaba a la conciencia colectiva. Mafalda no envejeció, porque las preguntas que hacía sobre la paz, la justicia o la dignidad siguen tan vigentes como cuando se publicaron por primera vez. terroga con la misma insistencia con la que cuestiona al mundo: “¿Y por qué no trabajás, mamá? ¿No te aburrís de lavar platos?”. Quino no la dibujó como un personaje débil, sino como alguien resignado a un destino que la sociedad le impuso. El padre, un empleado de oficina que sufre por los impuestos, representa al hombre común, víctima de la rutina y la burocracia. En él se condensan los miedos de toda una clase social que aspiraba a la estabilidad, pero que se veía atrapada en la monotonía. Junto a ellos aparecen sus amigos, cada uno con una ideología propia: • Felipe: el soñador que teme al fracaso. • Manolito: el comerciante pragmático que piensa solo en el dinero. • Susanita: la niña que sueña con casarse y tener hijos. • Miguelito: el filósofo confuso y sensible. • Libertad: la más rebelde, que llegó más tarde para amplificar la voz política del grupo. A través de esta pequeña sociedad, Quino logró una proeza: usar el humor para desnudar la condición humana. En la familia y los amigos de Mafalda caben las preguntas de Foto: ALEKSANDRA KOSSOWSKA Sus TIRAS fueron traducidas a IDIOMAS como el italiano y el JAPONÉS. Homenaje a Mafalda y sus amigos, en el barrio San Telmo de Buenos Aires (Argentina).
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