revista-diciembre-2025

12 | Diciembre 2025 MEDICINA & SALUD ENERGÍA QUE FLUYE En el tema del dolor se aplican teorías como la de la compuerta (de Ronald Melzack y Patrick Wall), la cual sostiene que las señales dolorosas no se transmiten al cerebro de forma lineal, sino que son moduladas por “un sistema de compuertas” ubicadas en la médula espinal, en una zona llamada sustancia gelatinosa de Rolando, que recibe señales de las fibras nerpuerta’ se abre y el dolor se transmite al cerebro. Sin embargo, cuando las de diámetro más grande son más activas pueden cerrarla y disminuir o bloquear la transmisión del dolor”. El objetivo, opacar o anular los mensajes originales dolorosos con el estímulo indoloro producido en la piel por las agujas de acupuntura, anotan los doctores Chu Lee, Barreto, Agudo, Maldonado y Chiliquinga, en el trabajo “Acupuntura, medicina ancestral para el tratamiento de las enfermedades”, publicado en la revista científica Cumbres, de la Universidad Técnica de Machala (Ecuador). Lo que sucede en este caso, apuntan, es que con la colocación de agujas de acupuntura y su posterior estimulación en los puntos energéticos acupunturales se producen señales de tacto, presión o dolor ‘fino’ transmitidas por las fibras A beta, que son rápidas; este estímulo es conducido a la médula espinal, excitándola y logrando una inhibición de la primera célula transmisora del tracto espinotalámico (célula T), bloqueando la transmisión del impulso doloroso al cerebro, es decir, cerrando la “compuerta”. viosas y puede aumentar o disminuir la percepción de este. Especialistas de la Clínica Universidad de Navarra (España) explican la teoría así: “Las fibras nerviosas de diámetro pequeño (C y A delta), que transmiten señales de dolor, y las de diámetro más grande (A beta), que transmiten señales de tacto y presión, compiten en estas ‘compuertas’. Cuando las fibras de diámetro pequeño son más activas, la ‘comEl dolor en COLOMBIA Conforme con la Asociación Colombiana para el Manejo del Dolor (ACED), la prevalencia de dolor en la población general en el país es del 85,7% y el 53,6% manifestó tener algún tipo de dolencia crónica. La localización es muy variada, pero son los de la parte lumbar (18%), cabeza (19%) y rodilla (25%) los más comunes. En cuanto a las opciones de tratamiento, el 42% recurre a la automedicación en busca de su alivio, sea tomando analgésicos o antiinflamatorios, lo que no es aconsejable. Para estos grupos, afortunadamente, en las últimas décadas se ha ampliado el portafolio de opciones, gracias, entre otras, al desarrollo de las medicinas y terapias complementarias e integrativas (MTCI), y a una serie de regulaciones para su uso y manejo. Una de ellas es la Resolución 5269 del 2017, en la que se definen las medicinas alternativas y terapias complementarias como “técnicas, prácticas, procedimientos, enfoques o conocimientos que utilizan la estimulación del funcionamiento de las leyes naturales para la autorregulación del ser humano con el objeto de promover, prevenir, tratar, rehabilitar la salud y cuidados paliativos de la población desde un enfoque holístico”. Allí también se explica que “las EPS o las entidades que hagan sus veces podrán incluir la utilización de medicinas y terapias alternativas o complementarias por parte de los prestadores que hagan parte de su red de servicios”.

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