Coopidrogas diciembre 2024

Diciembre 2024 | 67 Hablar acerca de ayuda terapéutica sigue siendo un tabú para la mayoría de las personas, ya que aún suele ser asociada con locura, con el quiebre de la realidad o, peor todavía, con la debilidad, pues los hombres, desde que el mundo es mundo, fueron acostumbrados a tener que parecer fuertes e inquebrantables; y a las mujeres, desde que lograron ser escuchadas en nuestra cultura “occidental”, se les cobra ser cada vez más guerreras y también se les insta a anular emociones como una especie de prerrequisito para ser respetadas dentro del área laboral y social. Son tantos factores los que nos afectan que es imposible pasar toda una vida sin que en algún momento el sufrimiento emocional no ocurra. Y cuando ese sufrimiento personal se une al de otra persona que igualmente está lidiando con sus propias cuestiones, y juntos se chocan en el camino de la comunicación, la terapia de pareja —que es una opción útil y válida— se torna como el último recurso y totalmente despreciable para la mayoría de los individuos. Tal clase de terapia, muy caricaturizada por los comediantes en las películas, asusta a las parejas por cargar el estigma de “amor incapaz”, es decir, en nuestra sociedad, que romantiza todas las formas de relaciones, el amor no sería la excepción, asociándolo con frases como “el amor todo lo puede” o “el amor todo lo resuelve y lo perdona”, cuando en realidad no… el amor no lo hace en absoluto; sin embargo, permite a las personas que aman, conscientes y, sobre todo, responsables de sus miedos, de sus angustias y de sus traumas, entender la inutilidad de estar buscando dentro de la relación de pareja un culpable por el peso de lo que los agobia desde hace mucho tiempo. La sexualidad, por ejemplo, suele ser uno de esos aspectos mal resueltos para muchos y que se vuelve en una relación de pareja el gran punto de desacuerdo o de incapacidad para comunicar y, por ende, para vivir placenteramente. Esto traducido en la falta de deseo, la baja autoestima o la mala relación con el propio cuerpo, hechos que muchas personas arrastran dentro de sí desde temprana edad y que nunca se han dado el espacio para comprenderlos, escucharse, o para crear una nueva narrativa acerca de esas dificultades o traumas que han vivido. Obviamente, esos otros conflictos personales terminan por salir a flote en la relación con el otro… y ahí es cuando las parejas buscan todos los tipos de alternativas, que fatalmente fracasan, como viajes exóticos, centros de coach, misticismo, prácticas sexuales diversas y un sinfín de promesas de solución que las llevan a un desgaste emocional enorme y a la sensación de fracaso. En ese momento es cuando deciden buscar ayuda profesional de verdad, porque ahora les ha llegado el último intento de “salvar” la relación. En conclusión, la terapia de pareja jamás debería ser la amenaza de una última gota de solución para una pareja en crisis, pero sí la primera y definitiva opción hacia la resolución tan anhelada. Aprender a comunicarse y también a escuchar al otro desde sus heridas, tal vez, debería ser un requisito obligatorio para el matrimonio. Bajarse de la propia prepotencia, aceptar la incapacidad y, sobre todo, las propias dificultades es el camino más respetuoso y saludable para empoderar el amor, porque ese sí… ese sabe cuánto puede, actuando solo, resultar impotente ante las realidades de la vida. COLUMNISTA Coopidrogas Flavia Dos Santos Psicóloga y sexóloga ¿Cuándo buscar terapia de pareja? “Aprender a comunicarse y también a escuchar al otro desde sus heridas, tal vez, debería ser un requisito obligatorio para el matrimonio”.

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