Diciembre 2024 | 65 Coopidrogas Debemos tener cuidado con lo que da resultado inmediato porque las repercusiones a largo plazo pueden ser negativas”, explica la experta Nelsen en su libro Cómo educar con firmeza y cariño. Hay muchas cosas que se pueden provocar sin darse cuenta al castigar a un menor. Por ejemplo, cuando un niño/a o adolescente hace algo que los adultos denominan “portarse mal”, significa que están buscando enviar un mensaje. Descifrarlo y entenderlo es todo un reto, lo cierto es que los métodos atemorizantes solo inhiben comportamientos con base en el miedo. Por el contrario, la mano amorosa y firme genera la seguridad emocional que se requiere para que haya aprendizaje y para fortalecer el vínculo entre la niña/o y el adulto. La crianza positiva aporta instrumentos para lograrlo. FOCO EN LOS PADRES De acuerdo con Marisa Moya, psicóloga española, el punto de partida es que los padres o cuidadores hagan foco en ellos mismos: “Si se quiere llegar a los hijos de otra manera hay que empezar por trabajarnos primero nosotros porque estamos condicionados por la forma como fuimos criados, por lo tanto, hay que autorrevisar la actitud como padres y nuestras creencias, pues los niños se están formando su visión y percepción del mundo, y todo esto tiene que ver con la influencia de lo que nosotros pensamos, sentimos y decidimos”. Para la experta, se debe tener siempre presente que los niños aprenden a regular emociones como el enfado, la ira y la frustración mediante los modelos que ven en sus padres. Una pregunta muy común que surge entre los padres es ¿qué hacer cuando se pierde la paciencia y no quedan fuerzas para ser amable? En este tipo de situaciones es importante recordar y enseñarles que cuando las personas enfrentan circunstancias que las ofuscan es necesario primero tranquilizarse para encontrar soluciones. Diez principios para la práctica de la crianza positiva 1. No recurrir a la violencia, sino al respeto, al diálogo, a la confianza y a la motivación. 2. Tener presente que mientras el niño/a o adolescente no comprenda qué situaciones son seguras y cuáles no, o qué actos están permitidos y cuáles no, las personas adultas a su cargo tienen la responsabilidad de garantizar un ambiente apropiado. 3. Comprender que los menores no son malos y si hacen travesuras es porque están aprendiendo a conocer el mundo mediante la experimentación, de ahí que muchos comportamientos no sean los más acertados. 4. Ser amables y firmes en lo que se les pide, pero también cumplir lo que se les promete. 5. Respetar los acuerdos y las normas por parte de todos (padres e hijos). 6. Hacer un uso limitado del “no” y, de ser posible, junto a cada “no” brindar una alternativa. 7. Proporcionar seguridad, claridad y amor con la educación y la comunicación asertiva. No es necesario gritar ni agredir, las diferencias se pueden resolver con diálogo. 8. No condicionar a los hijos con premios por tareas o actividades de la vida diaria, sino ayudarles a encontrar la importancia y el sentido que estas tienen. 9. Respirar y pensar antes de reaccionar impulsivamente mediante formas violentas. 10. Utilizar el sentido del humor para que el estrés emocional del momento no tome el control de la situación.
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