62 | Diciembre 2023 COLUMNISTA Coopidrogas Flavia Dos Santos Psicóloga y sexóloga El poder del beso Vivimos en una sociedad hiperconectada tecnológicamente y cada vez más desconectada emocionalmente. Tanta velocidad y búsqueda por placeres instantáneos hace que la sensación de no lograr conectarse con el otro sea una constante queja de muchos. En ese sentido, justo el primer gesto de contacto afectivo entre dos seres humanos parece que, poco a poco, va perdiendo la prioridad entre las parejas... el beso. Hasta hoy nadie sabe cómo ni cuándo fue dado el primer beso en la historia de la humanidad y tampoco se encuentran referencias históricas de labios tocando labios, pero podemos decir, por unanimidad, que este es lo que más enlaza románticamente a dos personas y que tiene un efecto de excitación sexual casi que inmediato. Los expertos en filematología (ciencia que estudia el beso), afirman que con él se activan las hormonas conectadas a la sensación del placer, del paladar, del olor y de los sonidos. Además, también se asocia con el bienestar y la relajación corporal al disminuir el estrés, la ansiedad y la tristeza. Al besar nos abrimos a otros para la formación de lazos afectivos; sin embargo, a pesar de experimentar todo eso, muchas parejas van dejando de lado esta importante expresión de amor y deseo, que, al principio de la relación, tenía gran protagonismo y continuidad. La queja es persistente, sobre todo entre las mujeres, quienes dicen que se ha perdido aquel beso largo, que comunicaba amor y, en especial, placer. Uno nuevo suele reemplazar el que era muy bueno para convertirse en el pico protocolar, que cuando existe comúnmente se da solo por las mañanas al despertar y por las noches antes de dormir. Un duro cambio que termina siendo el inicio de la distancia física y, posteriormente, sexual de las parejas. Asimismo, la rutina entra como un factor determinante en el desgaste de las relaciones, debido a los conflictos cotidianos y a los desafíos constantes de la vida. Esta es real y provoca transformaciones en cada persona, así como en sus relaciones. De ahí la importancia de trabajar en ese aspecto con el fin de rescatar lo que es bueno e íntimo y mantenerlo presente. Pero, para ello, es clave la comunicación y el deseo real de conexión con el otro y consigo mismo. Por último, la vida acelerada que nos aísla, incluso, de nosotros mismos impidiéndonos sentir, disfrutar y vivir los momentos placenteros —porque todo se hace como en una carrera de 100 metros— se torna tan fuerte y normalizada, que es cada vez más difícil compaginarse con los demás. Es decir, muchos besos y momentos de placer están quedando abandonados por el estilo de relación con uno mismo y con la propia vida, en donde todo es rápido y sin nexos sentimentales. Un beso bien dado, bien sentido, puede ser el principio de un nuevo despertar en la forma de vivir nuestro vínculo y el sentir de las emociones por el otro. ¡Volvamos entonces a besar sabrosamente a nuestra pareja! “...muchos besos y momentos de placer están quedando abandonados por el estilo de relación con uno mismo y con la propia vida, en donde todo es rápido y sin lazos afectivos”.
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