Diciembre 2023 | 55 Coopidrogas El problema es que la aerofobia puede ser limitante para quienes la padecen porque genera aislamiento y deterioro en las relaciones sociales y familiares, y pérdida de oportunidades profesionales y laborales. LA IMPORTANCIA DEL DIAGNÓSTICO La razón del temor no es la misma para todos, por eso, hay que encontrarla para saber cómo tratarla. “El pánico a volar es como el recelo de hablar en público y el mejor consejo general para superarlo es practicarlo”, dice Bayram Annakov, fundador y CEO de App in the Air, una aplicación de ayuda para el viajero frecuente. El primer paso, expresa Samper, “es establecer un diagnóstico, pero haciéndolo de la forma correcta, pues es muy diferente tratar una fobia homogénea (solo el miedo a volar), que una heterogénea (donde existen comorbilidades)”. Y agrega que lo bueno es que el cuadro fóbico no es imposible de solucionar. Conviene identificar, según la psicóloga, los factores predisponentes, como son los biológicos y psicológicos generales de la crianza, que deben tenerse en cuenta en los casos de fobia y ansiedad. “Todo paciente fóbico tiene tres factores: uno biológico, que es más fácil de activarse y lento para curarse. Otro que es el patrón de crianza de control o de cuidado: que la persona haya crecido con la idea de que las cosas son peligrosas, así como su encuentro con el ambiente y la observación, el cual se aprende por el moldeamiento de los padres o mediante su ejemplo. Y, finalmente, el que corresponde a las vivencias tenidas en un avión”. En este último se cuentan sucesos traumáticos como el de un aterrizaje de emergencia, una gran turbulencia o experiencias de otros e imágenes de accidentes aéreos. De acuerdo con los factores presentes, se definirá el manejo de esta situación, que se caracteriza por evitación o escape, mala regulación autoemocional, incapacidad para resolver problemas o rigidez en los patrones de respuesta. “Hay personas que montadas en la aeronave se bajan y van directo a la clínica”, comenta la psicóloga. Y es que quienes sufren de aerofobia experimentan síntomas físicos, psicológicos y conductuales y, en ocasiones, los de otros trastornos, como la claustrofobia (miedo a espacios cerrados) y la acrofobia (a las alturas). Al respecto, El Prado Psicólogos señala que el 73% de las personas que padecen miedo al avión presentan ansiedad y predisposición a emociones negativas (ira, miedo, vergüenza). Además de poca tolerancia a la frustración. Asimismo, “refieren ideas o pensamientos catastróficos relacionados con perder el control, sufrir una crisis de ansiedad dentro del avión o tener un accidente. Igualmente, sienten un aumento de las palpitaciones (taquicardia), sudores fríos, náuseas, sequedad bucal, hiperventilación, alteraciones gástricas y presión en el pecho, que, a veces, se confunden con un infarto. De igual forma, deseos de escapar y ahogo. Fotos: ©2023 SHUTTERSTOCKPHOTOS
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