14 | Diciembre 2023 MEDICINA & SALUD clínicas como tolerancia, síndrome de abstinencia, compulsión por la bebida, intentos infructuosos por suspender el consumo, persistencia en el uso de la sustancia a pesar de la evidencia de daño, y abandono de actividades cotidianas o trastornos en el desempeño social, laboral y recreacional del individuo”. Pero la preocupación no solo se cierne sobre los riesgos inherentes a la persona que bebe sin control, tanto por su salud física como mental, sino también por las consecuencias colaterales que esto conlleva, entre otros, por ejemplo, el impacto negativo y deterioro en las relaciones personales, familiares y laborales; el descenso de la productividad; y la afectación de la seguridad ciudadana y la movilidad, pues, en este último caso, aumenta la accidentalidad al tomar alcohol y conducir, y, en muchas situaciones, el estado de ebriedad origina peleas y otras conductas negativas y violentas. Diversos aspectos del acto de beber inciden en las consecuencias que el consumo de alcohol tiene para la salud: el volumen ingerido en el tiempo, el patrón, en particular • Consumo en cantidades que superan las establecidas como seguras y que resulta en intoxicación regular. • Afectación de la vida diaria y las responsabilidades familiares, laborales o académicas. • Involucrarse repetidamente en situaciones legales, como manejar bajo la influencia del alcohol. • Conflictos con familiares, amigos o colegas debido al comportamiento relacionado con la bebida. • Negar el impacto nocivo del consumo y minimizar su importancia. • Ocultar o mentir sobre la cantidad que ingiere, además de la necesidad de aumentarla para sentir los mismos efectos que antes. • Dificultad para detenerse una vez empieza a tomar, incluso, si tenía la intención de hacerlo, con infructuosas tentativas por reducir o controlar la ingesta. • Establecer rutinas y rituales en torno al alcohol, como tomar siempre a una hora, en momentos específicos o en ciertos lugares. • Descuido de la salud física, como omitir medicamentos o no buscar tratamiento médico necesario, o el desarrollo de problemas relacionados, tal es el caso de la enfermedad hepática o la hipertensión. el tomar hasta la embriaguez, el ambiente de consumo y, por último, la calidad de la bebida alcohólica o su adulteración con sustancias tóxicas como el metanol. De ahí lo fundamental que resulta identificar cuándo se ha cruzado la línea del uso ocasional o social para convertirse en una enfermedad; en este caso, la OMS destaca algunas señales relevantes: Abusar de las bebidas ALCOHÓLICAS ocasiona, entre otros, problemas de MEMORIA y deterioro COGNITIVO. Algunas de las nefastas consecuencias del consumo excesivo de alcohol son el deterioro de las relaciones familiares y el descenso de la productividad.
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