68 | Agosto 2025 MUNDO CURIOSO Coopidrogas Foto: ARCHIVO PARTICULAR Aunque parezca increíble, en Carmel-by-the-Sea, una localidad del condado de Monterrey en California (Estados Unidos), para usar zapatos de tacón de más de cinco centímetros se debe tramitar un permiso especial ante el ayuntamiento. La norma existe porque el lugar está cubierto de árboles, especialmente cipreses y pinos. Sus raíces, al crecer, levantan las aceras creando desniveles y grietas, lo que incrementa el riesgo de caídas para quienes usan tacones altos y, asimismo, posibles demandas por accidentes en la vía pública. Entonces, si alguien sufre un percance por culpa de sus tacones altos y no cuenta con el permiso correspondiente, pierde automáticamente el derecho a demandar al municipio. Hasta hace poco, la ciudad también prohibía comer helado en las calles del centro para evitar la suciedad. PERMISO PARA USAR TACONES UN “TATUAJE ELECTRÓNICO” MIDE LA FATIGA MENTAL Investigadores estadounidenses desarrollaron un dispositivo similar a la piel que se adhiere a la frente y detecta cuándo el cerebro humano trabaja en exceso, decodificando las ondas cerebrales y con el registro de sus señales eléctricas y las de los ojos. Lo llaman e-tattoo y sería útil en profesiones de alto riesgo, como la aviación, la cirugía o la conducción en trayectos largos, al identificar la tensión mental y prevenir errores. Nanshu Lu, líder del estudio y experta en bioelectrónica y dispositivos portátiles en la Universidad de Texas en Austin, dice que “existe una carga mental óptima para un rendimiento adecuado, que varía para cada persona e indica que los individuos rinden mejor en lo que describen como una ‘zona cognitiva de Ricitos de Oro’ (Goldilocks principle), es decir, un punto de equilibrio en el que la mente no está ni sobrecargada ni poco estimulada”. El V&A East Storehouse, una de las instituciones más grandes de arte y diseño del mundo, ubicada en Londres, cambió la relación entre el público y el arte, y replanteó la experiencia tradicional de los museos al permitir que sus visitantes interactúen con sus obras. La entidad, que lleva el nombre de la reina Victoria y su esposo Alberto de Sajonia, reúne más de 250.000 objetos que incluyen desde frescos romanos y pinturas del siglo XIV hasta piezas de alta costura de diseñadores como Schiaparelli. La diferencia es que las obras no se encuentran protegidas en vitrinas, acá el público puede tocarlas bajo la supervisión de los guías. Una de las más admiradas es un vestido de Cristóbal Balenciaga de 1954, cuya seda parece casi iridiscente cuando se mira de cerca. El museo ya tiene miles de solicitudes de reservas virtuales que van desde investigadores y curiosos hasta novias en busca de inspiración para sus vestidos. UN MUSEO CON OBRAS PARA TOCAR Foto: ©2025 SHUTTERSTOCKPHOTOS Foto: ARCHIVO PARTICULAR
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