0259 Coopidrogas Agosto 2025 - BAJA

Agosto 2025 | 49 Coopidrogas La psiquiatra dice que existe una “química del dolor”: lo que sucede es que el cerebro presenta una disminución abrupta de la serotonina y la dopamina, encargadas de regular el estado de ánimo y las sensaciones de placer. Este desequilibrio químico se traduce en síntomas físicos, falta de energía, insomnio o cambios en el apetito y, a menudo, una sensación de vacío difícil de llenar”. Un proceso que, a su juicio, no debe ser visto como una debilidad, ya que se trata de un “mecanismo biológico, y comprenderlo es lo que permite aceptar que el dolor es real y tiene una base fisiológica”. La tristeza es parte del duelo, pero el cerebro también tiene la capacidad de sanarse abriendo la posibilidad a un renacer. “El sistema límbico es el encargado de gestionar las emociones cuando estas se disparan en un estado de alerta y el cortisol se libera y produce ansiedad, irritabilidad y problemas para concentrarse. Es la respuesta para enfrentar una situación de lucha o huida, aunque en este caso la amenaza es emocional y no física”. En ese momento esta alarma se convierte en pensamientos intrusivos y en incapacidad para gestionar las emociones de forma racional, pero, de cierto modo, son estas las que preparan para reconstruir el equilibrio interno, según la psiquiatra. No obstante, para Congost, es una realidad que muchos preferirían quedarse en una relación por miedo al abandono o por no vivir una historia triste. “Sin embargo, superar una ruptura amorosa es posible si nos dedicamos cuidado y atención, si buscamos apoyo y si somos capaces de confiar en que hay felicidad más allá de ese doloroso momento”. EL DUELO Lo primero que hay que sobrepasar es el duelo, que tiene distintas fases. Conforme con Congost, son: • Negación: es la primera etapa. No se puede creer lo que está sucediendo porque en el fondo es algo que no se quiere. Aquí se evita enfrentarse a la realidad, y si se alarga mucho se pospone el momento de empezar a superar la ruptura. • La ira: es la rabia, el enfado que produce la situación y una manera de esconder el resto de emociones, porque es más fácil lidiar con el enfado que con sentir vergüenza, abandono o miedo. • La negociación: es el instante de tomar consciencia de lo que ha pasado y pensar en el futuro. Es la oportunidad para darse cuenta de que de poco sirve la rabia, que hay es que comenzar a cuidar de sí mismo. • La tristeza: es el dolor de la herida, un espacio para cuidarse. • La aceptación: cuando se comprende de forma serena lo que ha sucedido y qué se puede hacer para seguir adelante. Llegar a la última etapa no es fácil, pero se inicia por conectar con las emociones sin reprimirlas, avergonzarse o castigarse. También conviene expresarlo y hablarlo con alguien, si es preciso con un especialista o un terapeuta. No siempre se logra solo. “Debemos aprender a identificar lo que en ese momento necesitamos para sentirnos mejor, concediéndonos tiempo, espacio y un entorno amable que respete nuestra situación. Asimismo, es aconsejable confiar en nosotros mismos, en la capacidad de volver a ser amados, en los que nos quieren y se preocupan por nosotros, y en que la vida está compuesta de muchos matices que ayudarán a volver a sentirnos bien”, recomienda. Lo cierto es que, de acuerdo con Alexandra Pumarejo, conferencista, consejera y escritora, ante esta situación vale la pena preguntarse cuáles son las propias creencias acerca del amor, por qué pensar que debe ser difícil, triste y agobiante. “Lo que en la mayoría de casos hace falta es perdonar, que no significa olvidar y tampoco condonar, pero sí ayuda a trascender el sufrimiento. El hecho de evadir temas relacionados con el fin de la relación genera sensaciones de frustración y retrasa el proceso de sanación. Ante una ruptura, el CEREBRO sufre y hay RESPUESTAS neuronales como las del ESTRÉS agudo.

RkJQdWJsaXNoZXIy MTE2ODQ5Nw==