Agosto 2025 | 31 Coopidrogas Los antihistamínicos se constituyen en los medicamentos apropiados para tratar enfermedades alérgicas, ya que inhiben los efectos de la histamina, una sustancia inflamatoria que el cuerpo libera ante la presencia de un alérgeno como el polen, los ácaros del polvo o los pelos de los animales. Y es que las alergias son respuestas anormales del organismo ante algunas sustancias que están presentes en la naturaleza o a las artificiales, llamadas alérgenos, que por lo general no son perjudiciales. Se manifiestan clínicamente de diferentes formas. Las más frecuentes son: • Faringitis: tos y molestias en la garganta. • Asma: tos, ruidos en el pecho y dificultad para respirar. • Conjuntivitis: picor y enrojecimiento de los ojos. • Rinitis: molestia en nariz y moqueo. • Lesiones de piel: como dermatitis atópica o urticaria. • Diversas manifestaciones digestivas: vómitos, dolor abdominal o diarrea. • Presencia de colapso circulatorio: que puede llevar a la muerte. Se le denomina shock anafiláctico y es la forma más grave de la enfermedad. CLASES DE ANTIHISTAMÍNICOS Actualmente, hay alrededor de 50 antihistamínicos comercializados, que se clasifican según su efecto sedante (que provoca somnolencia) y su composición química. Desde el punto de vista clínico, se hace distinción entre dos: clásicos o de primera generación; y no sedantes o de segunda generación. ✔ Primera generación: tienen una composición química única y un efecto sedante fuerte. Pueden causar, además de somnolencia, disminución de la concentración, sequedad de boca y visión borrosa. También se utilizan para tratar afecciones como la urticaria, la dermatitis y la rinitis alérgica. Algunos ejemplos de antihistamínicos de primera generación son la difenhidramina, la clorfeniramina y la hidroxicina. ✔ Segunda generación: causan menos efectos secundarios sedativos. También se emplean para tratar afecciones como la rinitis alérgica y la urticaria crónica. Incluyen la loratadina, la cetirizina y la fexofenadina. Estos tienen una duración de acción más prolongada que los de primera generación y se pueden tomar con mayor intervalo. Asimismo, son menos propensos a interactuar con otros fármacos que los de primera generación. En general, el tipo de antihistamínico, prescrito siempre por el personal médico, dependerá de la situación clínica del paciente, incluyendo su historia médica y la naturaleza y gravedad de sus síntomas alérgicos. ORIGEN Y DESARROLLO Etimológicamente, la palabra antihistamínico proviene del prefijo griego anti, cuyo significado es contra, e “histamina”, con origen en el griego histos y el sufijo amina, es decir, una sustancia química contenida por un grupo amino. De ahí que la palabra completa significa que actúa contra la histamina, sustancia que, como se mencionó, es liberada por el organismo en una reacción alérgica. El comienzo de los antihistamínicos se remonta a principios del siglo XX, con el descubrimiento de la histamina y su papel en las reacciones alérgicas y otras funciones corporales. A partir de 1910 se inició el desarrollo de fármacos especializados con el estudio de los efectos biológicos y la demostración de que esa sustancia química estimulaba diversos músculos lisos (tejidos que se encuentran Fotos: ©2025 SHUTTERSTOCKPHOTOS El tipo de ANTIHISTAMÍNICO dependerá de la SITUACIÓN clínica del paciente, incluyendo su historia MÉDICA.
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